Cartas a Ricardo

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Al tercer día del cuarto mes del año de gracia dos mil veintiséis.
Para: Ricardo Alcantar.

Señor Ricardo:

Hago votos porque estas líneas le encuentren en plenitud, acaso entregado al sosiego de sus sábanas en estas horas de vigilia.

Es la 1:42 de la madrugada. Me rindo ante el desvelo mientras evoco su sonrisa; sospecho, Ricardo, que posee usted algún sortilegio en las ventanas de su alma. De no ser así, ¿cómo explica este usufructo de mi sueño? Soy fiel creyente de que la poesía le sucede al poeta mucho antes de tomar la pluma, pues llevo días presintiendo su figura en cada rincón de mi existencia: en la cocina, en la quietud de mi sala, en el parque, y hasta el soledad de mi almohada. Solo bajo el amparo de la luna he hallado el denuedo necesario para escribirle, con la esperanza de que este papel descanse, algún día, en sus manos.

Señor Alcantar, le añoro con un fervor que desborda lo imaginable. Me permito la osadía de imaginarlo haciéndome el amor en todas sus formas: lo veo en el desorden de harina de mi cocina, ayudándome a elegir estantes para mis libros, o aguardando tras mi puerta con un ramo de flores. No me malinterprete, yo lo imagino encarnando al amor; su presencia es la que dota de significado lo cotidiano.

Incluso he cometido la imprudencia de soñarnos en comunión. Lo imagino a través del cristal de las décadas: con los labios suavizados por la dulzura del reloj y las manos marcadas por la nobleza del tiempo.

Señor Alcantar, concédame el privilegio de ocupar ese sitio a su flanco. Apenas sumamos diecisiete y dieciocho inviernos, lo sé; pero la inmensidad de lo que siento me hace ver la eternidad como el único plazo razonable.

Hasta que el tiempo decida unir nuestros apellidos, me quedo en este desvelo por usted .

En espera de su gracia: Rox Morales.

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⏰ Última actualización: 5 days ago ⏰

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