Hoy, como cada año, podría escribirte un poema, regalarte un verso, decirte que te extraño, clavarme una navaja en la yugular para sentirme un poquito más cerca de ti.
Pero estoy tan cansada. Más de lo que quisiera admitir, a decir verdad.
Siento el alma lapidada, asfixiada bajo la manga de la sotana de un sacerdote que promete acercarme a Dios, mas no solo me aleja, sino me hace ver como una pobre desamparada que ha perdido su lugar en el Edén.
No es solo que te extrañe —que hago a cada momento que mi corazón palpita—, sencillamente estoy perdiendo poco a poco la esperanza de encontrar en algún recoveco de mi memoria una imagen tuya completa: tu sonrisa, tu voz, la figura de tu espalda al irte corriendo cuando la campana del receso sonaba... Empiezo a notar como mi cuerpo quiere desprenderse del tuyo.
Hoy, seguramente, en otro mundo, donde mi pavor no fue más grande que mi cariño, estás en tu hogar, recibiendo un abrazo de tu madre, un beso de tu padre, regalos despampanantes y alistándote para una fiesta inolvidable. Hoy, en otro mundo, donde mi enclenque fisionomía no fuese la barrera entre dos mundos, estarías llamándome para confirmar mi asistencia, y yo, siempre poniéndote a ti frente cualquier otra cosa de valor en este plano, diría que sí, a regañadientes, quizá; pero lo diría sin tartamudear, pues, ¿quién no quisiera verte cumplir 18 años, bonita?
Hoy, en otro mundo, donde mi boca no rezuma veneno, fui capaz de protegerte de la forma más valiente: callándome el perro hocico.
Hoy, en otro mundo, donde en sistema de gobierno de nuestra federación es competente, quizá, solo quizá y con mucha suerte... No existe un debate en fiscalía sobre si llamar a aquel suceso de 2022 "feminicidio" o "infanticidio", porque, ¿qué necesidad siquiera debería de haber de tener un ataúd tan pequeño esperando fuera de SEMEFO?
No quiero olvidarte, estoy renuente a, sin embargo, de rodillas te suplico, vengas a mi cuarto a tomar tu regalo, que, quizá por duelo o por estupidez, te armé a mano en estos últimos meses.
Feliz cumpleaños, María Fernanda. Tuya por la eternidad.
ESTÁS LEYENDO
𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poetry¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
