Si perra me dijeron, perra me quedo.
Ni estoy vacunada: tengo rabia, muerdo.
Que se aparten todos, que nadie se atreva;
Mi nombre retumba, mi voz no se quiebra.
No vendí mi mente, no compré respeto,
me gané mi espacio con verbo y con texto.
Pero les arde verme aún despierta,
prefieren creer que me dejaron las puertas abiertas.
No fue cama, fue cerebro.
No fue cuerpo, fue desvelo.
No fue roce, fue desvelo.
Fue sudor y fue más desvelo.
Que sepan, por si preguntan:
mi orgullo no tiene dueño.
Y aun así me escupen nombres,
me miran con asco,
me quitan los ojos,
me sobran los falsos.
Yo río, yo ladro,
yo alzo el mentón.
Pero cuando el ruido baja,
y la risa se apaga,
el eco del silencio
me devuelve la mirada.
Se me encoge el alma.
Sola en la mesa
de una ruidosa biblioteca.
Rodeada de nada.
Y la risa ajena suena
como una puñalada.
Y ahí ya no muerdo.
Solo callo
y respiro.
Me duele la piel,
me pesa el delirio.
Porque aunque me llamen perra,
cargo un alma herida,
jugando a ser fiera
para no sentir la caída.
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𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poetry¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
