Concupisciblemente exquisito

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Podría decirle que tiene unos ojos divinos,
mas, atino a decir sin miedo a equivocarme
que se lo habrán dicho ya un centenar de veces.
Me fastidiaría saber que jamás le han otorgado semejante hipérbole poética.
Tiene usted a la humanidad entera en esos dos pedazos de cenotes que le brillan en el rostro.

Bellísimos, caray.

Tiene usted unos ojos demasiado soñadores para alguien que rara vez duerme,
ojos de alguien que podría sentarme y dejarme perpleja con un par de palabras
-cosa que ha hecho ya en más de una ocasión-.
Tiene usted un beso de la luna bajo las orbes,
me gustan en demasía sus ojeras cargadas de banquetes griegos,
me imagino mil y un audiencias saldadas en sus noches perennes de duchas en el río Estigia.

Quisiese yo besarle el alma,
esa que le llora por cada poro de la piel pálida que lleva como escudo
al caos puro y desenfrenado que guarda en su razón.
La vida misma daría por subirme a la nube de alguna de sus ideas y comprender el inteligible mundo de su mente, Fernando.
¿Cómo cabrán tantas maravillas en la cabeza de un hombre?
¿Cómo hace para mantenerse cuerdo, si yo enloquezco tan solo intentando comprenderle?

𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿Donde viven las historias. Descúbrelo ahora