Selva de Flores

7 1 0
                                        

Sé que no quieres que te toque.
No arriesgaré tu frondosa belleza de malvas negras y pantanos lagos en un intento vano de arreglarte —haciéndose la voluntad de Darwin—. Comprende, selva querida, que lo que yo más quisiera no fuese sino arrodillarme a tus riachuelos para quitarle el musgo a tus piedras una a una, con cariño, con paciencia, con devoción. Me mancharía en blanco faldón de fango, por supuesto, pero ni eso me quitaría la satisfacción de saber que un bien te estoy haciendo; me atrevería incluso a, con la delicadeza de una hormiga obrera, podar tu césped hoja por hoja con mis falanges, hasta dejarte impecable, perfecta, brillante. Y si en el proceso pierdo una calceta, me desgarro la ropa, se me enmaraña el cabello en una telaraña o una serpiente me arranca un dedo, gustosa volvería cada fin de semana a darle mantenimiento a tu hermoso piso fresco y húmedo.
Pero entonces, estoy segura, me de tendrías tú misma con esa sonrisa tranquila de ojos secos; me apartarías no con arañazos de tus leopardos, sino con la fresca brisa silbante que conduciría mis orbes azabaches a la realidad, vería como tú misma, bonita, te encuentras en deplorable estado solo para restaurarte; vería como, de las rocas que yo intentaba convertir en espejos, unos lindos bichitos se acercarían a comer musgo, el césped sería huésped de pequeños mamíferos herbívoros, los árboles enormes que pensé en cortar para abrir paso a la amplitud de un valle artificial, serían bellos tragaluz de sol calentando solo lo justo y necesario el agua del riachuelo. Y yo, no tendría porqué sacrificarme por mantenerte bonita —a mi propio retorcido criterio—, sino que es labor tuya limpiarte a ti misma, selva hermosa.
Por el momento, entonces, me mantendré al margen, interviniendo solo cuando esté en mis manos salvarte no de ti misma, sino de terceros de mi especie, salvajes estúpidos que quieran acabar contigo.

𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿Donde viven las historias. Descúbrelo ahora