Fernando es una palabra en cursiva, un esbozo elegante sin el menor esfuerzo; delgado, frágil, pero sostenido por el peso de las ideas. Su cuerpo, más que materia, parece un vehículo para la tinta que se dice esconde bajo las calcetas, como si hasta su piel necesitara esa capa de metáforas para respirar.
Observarlo es asomarse a una geografía compleja. Su barba me gusta, poblada y severa, no es sino un jardín cuidado por ideas, donde cada hebra está alineada con una precisión casi argumental. Tiene la prestancia de un burgués en su porte, pero el alma es de barricada; sus pensamientos llevan la seriedad de la tinta de Marx y, paradójicamente, la dulzura vulnerable de un poema obrero.
Cuando te mira, te asomas a sus ojos, y descubres que son pozos de café profundo, donde el insomnio no fue una tortura, sino un retiro donde la filosofía se excedió por la cándida madrugada. Su forma de comunicarse es una liturgia. Habla con la pausa del que comprende que para escuchar al mundo, debe haber silencio, no soberbia. Sus labios son rosales que florecen con cada vocal, regados por el sudor del esfuerzo mayéutico. Y su voz... Ay, su voz es el eco dulce de un libro que se lee a medianoche, una cadencia que no busca convencer, sino hechizar. Sus palabras seducen, embelesan, fascinan, te atan solo con la fuerza indiscutible de su razón.
Detrás de su sonrisa, hay una historia; lleva las cicatrices sobre la sonrisa, pero brilla con la calma de quien, mucho tiempo atrás, ya debatió con sus propios demonios y alcanzó una tregua.
Aunque lleva bibliotecas enteras entre las sienes, nunca olvida el más pequeño de tus silencios. Escribe como quien cincela mármol, con paciencia infinita, con la fe de un artesano y con un filo que solo la verdad puede dar.
Fernando ama pensar con la misma intensidad, el mismo vértigo y la misma hambre con el que nosotros los ordinarios amamos besar. Y cuando lee, lo hace tan bonito que las palabras parecen suspirar al salir de su boca. Con esas manos que bien podrían escribir revoluciones en un instante, él elige el gesto más audaz de todos. Él encarna a la ternura.
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𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poesia¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
