No es que viva así por elección.
Es que crecí aprendiendo a respirar entre vidrios
y ahora cada intento de calma
suena a amenaza.
El aire entra y raspa.
Crudo, torcido, punzante.
Como si mis costillas fueran dientes
mordiéndome desde adentro.
No extraño que me quieras.
Extraño ser territorio,
extraño que alguien reclamara mi nombre
como si significara algo.
Hoy no significo nada.
Ni para ti,
ni para mí.
2025 me cayó encima como un edificio viejo,
pesado, húmedo, lleno de grietas que no pedí.
Me aplastó los días,
los sueños,
las partes que aún estaban sanas.
Y sí, pensé en mi papá.
No como consuelo,
sino como herida.
Porque a veces necesito un abrazo
y lo único que tengo es una tumba
que no devuelve el calor.
No éramos "perras".
Éramos niñas.
Niñas con el alma abierta,
esperando cariño y recibiendo juicio.
Dicen que escribo bien.
Yo solo sé que escribo porque me desangro.
Porque si no convierto el dolor en letras,
me arranca la garganta desde dentro.
No es talento.
Es supervivencia.
Nunca seré autora.
Deja tú la autora:
ni siquiera chispa.
Soy humo.
Humo cansado.
Humo que se pega a la ropa y apesta días enteros.
Me falta afecto,
pero pedirlo me da asco,
como si supiera que voy a recibir lástima
en vez de cariño.
Amaba mi vida,
y la rompí.
No la quebraron otros.
La rompí yo.
Con mis manos torpes,
mis decisiones ciegas,
mi capacidad infinita de arruinar lo que amo.
Cuando algo sale bien
siento el golpe antes de que llegue.
Me preparo para la caída
como quien prepara una maleta para huir.
Todo lo bueno es un préstamo que sé que no podré pagar.
¿Y si el profe Franco se equivoca?
¿Y si nunca brillo?
¿Y si soy un borrador eterno?
Una sombra que pasa,
que apenas pesa,
que nadie recuerda.
A veces pienso que si fuera bonita
-bonita del tipo que la gente respeta sin conocer-
mi vida tendría bordes menos filosos.
Pero soy morena, rizada, ansiosa,
y hoy no quiero autoconvencerme
de que eso es poesía.
Hoy no es poesía.
Hoy es castigo.
Mis amigos se alejaron.
No sé si fue mi culpa,
pero sé que duele como si lo fuera.
No espero felicitaciones.
No espero funerales.
No espero nada.
Hoy estoy hueca.
Hoy estoy en pausa.
Tengo ganas de vivir,
sí.
Pero también tengo miedo.
No miedo suave:
miedo que muerde,
miedo que respira conmigo,
miedo que me conoce de memoria.
Y aquí estoy.
Sin luz,
sin promesa,
sin final feliz.
Sólo yo,
la niña que se rasga la piel
para que la tinta salga.
Porque mi sangre es tinta,
y mi piel es papel,
y cada palabra que escribo
es una cicatriz nueva.
Nada más.
Nada menos.
Nada bonito.
ESTÁS LEYENDO
𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poesía¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
