Me encanta cómo se me dilatan las pupilas y se me desenfrena el corazón cuando cruzo miradas con ella, una mujer imposible, una mujer de toboganes que le caen por las orejas y que, cuando su actitud lo permite, transforma en preciosos ríos de café Espresso. Predomina en su gustosa vista su seguro andar de paso firme, con el mentón bien en alto y el sol besándole los pasos resonantes a sus botines negros.
Me la encuentro en cada esquina de Guadalajara, con su andar despampanante, dos obsidianas en el rostro, la perfecta figura semejante a la de su mayor ídolo, Bunbury; una estrellita negra en su mentón, nunca se apena de mostrar su piel de caramelo, skinny jeans que le empuñan las caderas y esos muslos de miel.
El otro día juré verla caminar con prisa y sin pausa sobre un camellón de Chapultepec, entusiasmada como si la calle fuera la pasarela de Victoria's Secret; dio vuelta a mano derecha para llegar a una cafetería: Café Benito Sala Juárez. Siempre, a dónde vaya, pide su mismo café macchiato sin azúcar; cruza sus piernas, retoca su cabello y da un vistazo rápido a sus brillantes labios rojos. No luce incómoda si hay acné en su rostro o si el corrector no cubre sus lunares, y esos lentes rojos cuadrados no hacen más que dejarla aún más satisfecha que antes.
Entonces, alza la mano y se le unen a brindar una horda de muchachos que llama "colegas", acaban sus cafés, se abrazan en manada y suben al escenario. Ella se cuelga del hombro su despampanante bajo rojo y hace gritar a las damas de mesas lejanas. Cuando acaba el show, no puedo evitar sentir envidia de su vida perfecta; una bola de amigos amándola, un sinfín de pretendientes que la toman en brazos, un hermano que carga su bajo con orgullo, un público que aplaude su trabajo... Pero ella, entre los manteles y tazas, encuentra mi mirada, se vuelve hacia sus amigos para murmurar quién sabe qué sobre el altísimo sonido de los vítores, puedo ver en su espalda la palabra bordada "IMPOSIBLES" sobre una chaqueta de cuero. Corre hacia mí, me estrecha la mano, toma un mechón de mi cabello esponjado y destruido, me pasa unas tijeras y, sin más, Rox me murmura:
"Bienvenida al club, Rosario... Te vas a acostumbrar a ver tu vida pasar, ahora serás Rox.
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𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Puisi¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
