Desde que Noodle tenía uso de razón, Murdoc había sido el centro de su mundo.
Eso, quizá no era la mejor opción, Murdoc era muy joven cuando ella nació.
Joven, triste, traumado, roto y reprimiendo sus emociones.
Una mala combinación, sin duda.
Aún así, Murdoc daba lo mejor de él para ser mejor, todo por ella.
Sin embargo, a veces se olvidaba de eso y daba espacio a pensamientos inútiles y vagos, como que el bajista sería capaz de abandonarla algún día, para liberarse de la presión de ser padre.
Cuando Noodle aprendió a caminar, lo hizo por seguir a Murdoc.
Cuando Noodle aprendió a tocar, aunque lo disfrutaba genuinamente, fue por complacer a Murdoc.
Cuando aprendió a nadar y a pelear, fue por hacer sentir orgulloso y tranquilo a Murdoc.
Cuando aprendió a cocinar, fue porque quería devolver todas las veces que Murdoc cocinaba para ella.
Claro, aún así quería mucho a sus tíos, pero Murdoc era su padre.
La primera vez que tuvo en recital, Murdoc aprendió la coreografía para ayudarla y ensayó con ella cada noche mientras su madre y Ed tenían citas sin preocuparse demasiado por ella.
Él fingía ser frío o sentirse molesto, pero siempre era amable y se encargaba de todo meticulosamente.
Todos decían que Murdoc era un bicho raro, un vago sin futuro, un borracho irresponsable.
Pero a veces, él era el adulto más responsable y capaz de todos, sólo para ella.
Su madre cada vez estaba más desinteresada en su cuidado y Noodle lo notaba.
Si bien a veces pasaba tiempo con ella y trataba de hacer cosas por ella y de vez en cuando por Murdoc, parecía que su verdadera naturaleza era ser distante.
A Ed no lo soportaba, no le gustaba tenerlo cerca y lo miraba como un intruso.
Contrario a lo que el mismo Ed pensaba, Murdoc nunca la puso en contra de él, era algo que ella simplemente sentía.
Cuando su vestido del recital se rompió mientras ella se miraba al espejo bailando con él, la niña lloró hasta que Murdoc llegó esa tarde del trabajo y la encontró.
Se quedó despierto toda la noche con un libro de costura y lo reparó, sólo para que ella dejara de llorar y pudiera hacer su recital tranquila.
Estaba nerviosa por arruinarlo, pero cuando vió a Murdoc cabecear entre el público, luchando por mantenerse despierto, Noodle sintió que nada podía salir mal.
Él estaba tan presente, que ella no sintió la ausencia de su padre o su madre.
También pasaba tiempo con sus tíos y eran buenos con ella, pero a sus ojos, el único que era un adulto de confianza allí era Murdoc.
Cuando su madre murió, Noodle temió que Murdoc iba a dejarla también.
A veces pensaba en eso y se sentía culpable, que lloró más por estar preocupada de sí Murdoc se iría que por lo que le pasó a su madre.
No podía confesar algo como eso en voz alta, pero era la verdad.
Luego, Murdoc la abrazo y la consoló y la llevó con él, haciéndola parte de su nueva vida y tomando oficialmente el rol de su padre.
A veces, pensaba que Murdoc perdió parte de su Juventud para que ella y sus tíos pudieran tener una.
Noodle no recordaba a su padre, todo lo que sabía de él lo sabía por Murdoc, quien hablaba con tanto cariño de él, que ella pensó que definitivamente era una buena persona, un ser intachable, un ser humano hermoso. Hablaba como si describiera un héroe valiente y fuerte, la persona más increíble del mundo.
Ella sólo pensaba, que eso era lo que ella sentía por él y que le alegraba saber que Murdoc había sido tan feliz esos días, incluso si ella no estaba aquí aún para animarlo.
Pero eso era todo lo que su padre era para ella. Un héroe mítico, como si fuera una historia para antes de ir a dormir, un fantasma que velaba por ella en un lugar misterioso.
Valoraba su nuevo apellido porque ahora era la única en la casa que compartía eso con Murdoc.
Eso lo hacía sentir más cercano, más especial.
Así que, cuando Maseo le dió la noticia de que Murdoc había cambiado el apellido de ambos, simplemente perdió la cabeza.
Ella sintió que estaba siendo traicionada, cómo si esto fuera el primer paso a dar antes de abandonarla.
Así que, llena de ira y sin saber a quien culpar, volvió a robar el alcohol de Murdoc de la alacena y en medio de su borrachera, fue hasta la casa del peliazul a reclamarle.
Porque sí, en su cabeza no estaba disponible la posibilidad de culpar a Murdoc. En definitiva, era su propia culpa y la de ese idiota de pelo azul.
Le había robado a su padre, a la persona que más amaba en el mundo.
Ella no podía dejarlo pasar.
Cuando encontró a Murdoc allí, pasando un buen rato sin ella en el mapa, Noodle tuvo una especie de colapso nervioso.
Lloró sin control y reclamó a gritos hasta que el bajista la tomó en brazos como un muñeco de trapo y la llevó de regreso a casa.
Entre tanto llorar y moverse y el alcohol, Noodle comenzó a tener arcadas.
El azabache la llevó al baño y le apartó el cabello para que pudiera vomitar en el inodoro, mientras le daba palmadas en la espalda.
- Eres una tonta, de verdad. - suspiró el bajista. - ¿En qué demonios estás pensando?
Noodle lloraba y vomita a la mismo tiempo y así estuvo hasta que por fin se calmó.
Murdoc le lavó la cara con suavidad y la ayudó a enjuagarse la boca con paciencia.
La llevó cargada como un bebé a la cocina y le dió agua llevando el vaso a su boca porque sus manos estaban temblando y no podía sostenerlo por sí misma.
Y cuando terminó de beber y seguía temblando, Murdoc la abrazó y le dió palmaditas en la espalda hasta que se calmó por completo.
Así es como él era.
Un vago, borracho y tramposo de mala fama, pero frente a ella no era más que su amoroso y atento padre.
Olía a sudor y otras cosas que ni siquiera quería identificar qué eran, pero aún así, su sólo calor le devolvió la tranquilidad.
- ¿Ya te calmaste?- suspiró el mayor.
La adolescente asintió con verguenza, con su cabeza recostada en el pecho ajeno.
- Lo siento...- balbuceó.
- Lo sé, bebé...- dijo, con voz suave. - Yo también lo siento...Ya no hagas estas cosas nunca más ¿Sí? Habla conmigo ¿Cómo puedes decir cosas así? ¿No ves lo mucho que te amo?
Noodle se aferró al cuerpo contrario.
- Perdón, papá...- masculló. - Es que tenía miedo...
Murdoc respiró profundo.
Eso era jugar sucio ¿De dónde iba a sacar el corazón para castigarla ahora?
- Estás actuando como una loca. - le dejó saber. - Y para colmo por nada ¿Cómo crees que yo te abandonaría? Eso es imposible. - insistió.
Noodle suspiró con alivio y asintió.
Murdoc le señaló la maleta.
- Te traje algo de cada sitio en el que estuve. - le informó. - Nunca deje de pensar en ti, siempre te tengo presente, es importante que lo recuerdes.
Los ojos de Noodle se empañaron de lágrimas de nuevo y asintió, volviendo a abrazar a Murdoc con más fuerza.
Sin duda, ser padre era más difícil de lo que la gente te dice, pensó Murdoc.
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Amo la versión de esta canción con Nancy Sinatra 💖
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Rain Dogs (2doc AU)
FanfictionMurdoc y Stuart son músicos de Jazz y los reyes de los bares nocturnos de Inglaterra. Murdoc es el rey del instrumental y Stuart el rey del canto. ¿Qué pasará cuando ambas partes se encuentren?
