Murdoc caminaba de un lado a otro en el corredor de la sala de espera del hospital, sus tres hermanos se encontraban sentados en las frías bancas de metal, mirando al suelo con preocupación.
Finalmente, una enfermera se acercó a ellos para pedirles que entrasen a la habitación, para que pudiesen ver al paciente y darles el diagnóstico de forma más privada.
El primero en entrar fue Murdoc, quien trató de no exteriorizar demasiado su reacción de alivio cuando vio a Miles sentado en la cama del hospital, consiente y con un poco más de color.
Los tres afroamericanos entraron tras él, corriendo hasta el frente de la cama para ver a Miles y hablar con el doctor.
Murdoc se recostó en la pared, con los brazos cruzados, observando todo de lejos.
-¿Y bien, doctor? – dijo Maseo.- ¿Qué es lo que tiene nuestro viejo?
-Me temo que se trata de un caso grave de anemia drepanocítica. –dijo, acomodándose los lentes.- El colapso se debió a una crisis de dolor acompañada de un episodio de síndrome torácico agudo.
El doctor miró a la enfermera, y esta le alcanzó una libreta en dónde se encontraba explicado el diagnóstico a detalle.
-Verán, el paciente también presenta un agrandamiento bastante preocupante en el bazo, por lo que sospecho que se trata de un secuestro esplénico. Le hicimos una transfusión de sangre, pero se ha debido hacer con cautela, debido a que en este tipo de anemia el exceso de hierro podría representar un problema grave. Afortunadamente tenemos expertos en sangre que...
-¿¡Y cómo diablos se supone que contrajo esto!?- interrumpió Dave.
-Bueno, este tipo de anemia con frecuencia es de carácter hereditario, así que...
Esta vez fue el mismo Miles el que interrumpió.
-Está bien doctor.- dijo- Yo me encargo desde aquí ¿sería tan amable de dejarme solo con mis hijos por un momento?
El doctor asintió, indicándole a la enfermera que saliera con él. Estos dos pasaron junto a Murdoc, inclinando su cabeza con cortesía al salir, gesto que Murdoc correspondió.
-Bueno, chicos...-suspiró.- Quería decirles yo mismo una cosa.
Se acomodó un poco, como tratando de sentirse lo más cómodo posible, con la débil esperanza de que fuera a hacer alguna diferencia en el peso de las palabras que estaba por decir.
-Estoy muriéndome, chicos.
Las respiraciones ajenas se detuvieron, el corazón se les heló a todos los presentes ante aquella noticia.
-Esto no es algo nuevo ¿saben? Lo he tenido desde que puedo recordar y va empeorando con el tiempo, él mío se ha vuelto un caso bastante grave.
-Miles, no...-dijo Pos.- Esto no puede ser posible...
-Me temo que así es, hijo...-dijo con una débil sonrisa.
Los tres afroamericanos lloraban agrupados frente a la cama de Miles, quien alzó la vista al fondo de la habitación.
Vio a Murdoc, quien tenía la mirada baja, con los ojos escondidos tras su flequillo espeso y sus largas uñas afiladas apuñalando sus propios brazos. Su mandíbula estaba tensa, y temblaba un poco.
-Hey, chicos. Sé que están tristes, pero... ¿Podrían traerme unos snacks decentes de la cafetería? La comida de hospital es una auténtica mierda. Vayan y dejen a Murdoc que me cuide mientras vuelven ¿vale?
Los tres asintieron, limpiándose las lágrimas.
Salieron de la habitación, pasando junto a Murdoc, dándole palmadas en el hombro al salir. Aquello se había vuelto la más corta pero profunda muestra de solidaridad en el lenguaje que los cuatro manejaban entre ellos.
Murdoc no levantó la vista ninguno de ellos, ellos sabían que no lo haría, y que no era necesario que lo hiciese tampoco.
Una vez los otros tres habían salido de la habitación, Miles se quitó las sábanas que lo cubrían y se sentó al borde de la cama, en dirección a Murdoc.
Levantó un brazo con la mano extendida hacia él, como cuando la familia de un viajero aventurero lo recibe en casa luego de una larga y peligrosa expedición.
-Ven, mi pequeño.- dijo, con la voz más suave que pudo.
Los separaban alrededor de unos cinco metros, y Murdoc los atravesó en menos tiempo del que le tomaría a una persona promedio parpadear.
Se echó llorando a su regazo, totalmente desconsolado.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡Tiene que ser mentira! ¡Dime que es mentira!- sollozó, negando con la cabeza.- Tú no puedes morir, es absurdo, no tiene sentido, no es justo, no lo acepto, es mentira, es mentira. –dijo entre sollozos.- ¡Miles, por dios dime que es mentira! ¡Miles! ¡Miles! ¡Dímelo!
Miles acariciaba el pelo de Murdoc, recién en ese momento sus ojos se volvieron cristalinos.
-Vamos, eres como un bebé llorón.- dijo, tratando de que su voz no se quebrase.
-¡Miles! ¡No, Miles! ¡No me abandones! ¡No me dejes, por dios santo, no me dejes! –sollozó. -¡Dime que no vas a morir! ¡Dime que soy un idiota llorón por esto! ¡Dime que no tengo por qué llorar! ¡Dime que no irás a ningún lado!
Las primeras lágrimas amenazaban con salir de sus ojos opacos.
-¡Miles! ¡Dímelo! –gritó entre llantos.- ¡Dime que estás bien! ¡Dime que te pondrás bien! ¡Dime que nunca me vas a dejar! ¡Miles! ¡Miles!
-No puedo...-dijo, rompiéndose finalmente.- Lo siento mucho, amigo. No puedo mentirte, lo siento, lo siento. –sollozó.- Yo tampoco quiero dejarlos, tengo miedo, Murdoc. Tengo mucho miedo...
Murdoc lloró , escondiendo la cara en su regazo. Y Miles se dio cuenta de que el mismo chico que había visto por primera vez en aquel estado deplorable y amarrado a una silla le había cargado como una muñeca de trapo al colapsar.
Aquel chico que lo despertaba sacudiéndolo y abriéndole los ojos, aquel amante de los waffles con fruta, aquel hermano mayor que enseñaba a sus hermanos a jugar canicas.
Lo miró llorar, lo recordó de doce, llorando porque pensaba que se iría al infierno por una paja.
Ese chico lloraba con mucha más fuerza que en ese entonces, y podía sentir la fuerza que poseía en el agarre en sus rodillas desnudas.
Por primera vez en su vida, Miles sintió el peso del tiempo, y tuvo más miedo de morir que antes.
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A lo mejor es porque ya es mega tarde pero solté un par de lágrimas mientras escribía esto. A lo mejor lo odio en la mañana, pero lo editaré si eso sucede, no se preocupen. Les voy a suplicar que escuchen la canción, es de mis favoritas de Amy. A lo mejor están cansadas de canciones de Amy pero no encontré otra que me gustase más para este cap. Trataré de darles más variedad a los cantantes en los próximos capítulos. Gracias por leer.
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Rain Dogs (2doc AU)
FanficMurdoc y Stuart son músicos de Jazz y los reyes de los bares nocturnos de Inglaterra. Murdoc es el rey del instrumental y Stuart el rey del canto. ¿Qué pasará cuando ambas partes se encuentren?
