Murdoc se despertó aquella soleada mañana con la misma pesadez y el sentimiento de desesperanza que había tenido cada día desde que Miles tuvo que ser hospitalizado.
Le visitaba todos los días sin falta, pero no se quedaba mucho tiempo. Le desgarraba el alma ver cómo su padre y mejor amigo se convertía lentamente en un cascaron vacío portando una alma cansada que no era ni la sombra de lo que solía ser.
Tenía unas marcadas ojeras, producto de las noches enteras de insomnio y se notaba que había perdido peso. La preocupación difícilmente le dejaba dormir o comer, y el echo de que Miles le hubiese encargado a los tres afroamericanos estar al pendiente de Lolly por estar posiblemente embarazada de su hijo, no ayudaba. Las noches eran nuevamente frías, largas y solitarias. Y ya se había desacostumbrado por completo a ello.
Se llevó a la boca la taza de café humeante y suspiró pesadamente, mirando a la nada; preguntándose dónde sería capaz de obtener aquel día la fuerza suficiente para ir al hospital y enfrentarse a la realidad de que la persona que más amaba en el mundo se estaba muriendo lentamente y no podía hacer nada al respecto.
Planeaba hundirse en los recuerdos nostálgicos que se la había pasado repasando constantemente todo ese tiempo, sólo para torturarse al pensar en todo lo que estaba por perder, pero el sonido del timbre de la puerta lo interrumpió.
Se frotó un poco los ojos húmedos y cansados con la manga de la bata y fue a abrir, pensando que tal vez se trataba de uno de sus hermanos.
Al abrir la puerta dejó caer la taza en su mano al ver de quién se trataba.
-¿¿¡¡Qué coño haces aquí!!??- gritó, entre enojado y confuso.
-Estás más pálido que yo ahora, esa no es forma de reaccionar.- rió- Yo todavía no soy un muerto ¡Estoy vivo y coleando! Tal vez dentro de un año debas preocuparte si me ves, pero ahora...
-¡Te he preguntado qué hacías aquí, Miles!- gritó nuevamente, furioso.
-¡Con lo bien que me has tratado estos meses y ahora me gritas! - respondió indignado.-¿Ésa es mi bata? -señaló a Murdoc.
-¡La mía está sucia!- mintió , avergonzado.
-Déjame pasar...¿No ves que todavía llevo la ropa del hospital? Mientras tú usas mi hermosa bata de seda, yo uso esta horrible bata. -frunció el ceño.-Y es abierta por detrás ¿Sabes? ¡Se me congela el culo aquí!
Murdoc reprimió una risa por el comentario repentino y se apartó para dejarlo pasar.
-Viejo loco de mierda...-susurró.
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Miles se encontraba ahora sentado en el sillón de la sala, con su ropa normal puesta y bebiendo café caliente.
-Tráeme panecillos, Murdi. Cuida a tu viejito enfermo. - dijo en un lamentable tono agudo, que le produjo escalofríos a Murdoc.
-¡No hables así! ¡Me pones de los nervios!- gruñó mientras se dirigía a la cocina.
Murdoc le llevó los panecillos en un plato y miró cómo se los comía uno a uno con entusiasmo. Cuando vio que había terminado, se sobó las sienes y luego lo miró.
-Muy bien , viejo loco...¿Cómo se supone que llegaste aquí?
-Pues me escapé .- soltó sin más.
-¿¡Te escapaste!?
-Pues sí, eso dije. -respondió con calma, encogiéndose de hombros. -¿Te crees que a los pacientes en mi estado los sueltan así sin más? ¡No me iban a dejar ir si pedía permiso!
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Rain Dogs (2doc AU)
FanfictionMurdoc y Stuart son músicos de Jazz y los reyes de los bares nocturnos de Inglaterra. Murdoc es el rey del instrumental y Stuart el rey del canto. ¿Qué pasará cuando ambas partes se encuentren?
