Arrepentimiento

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Capítulo II. Página XXXIII

—Haa... Haa...

—Haa... Haa...

El polvo lo devoraba todo. La plataforma, los combatientes, incluso la respiración del estadio parecían haber desaparecido bajo aquella nube espesa. A los bordes, los robots médicos permanecían inmóviles, tensos, listos para lanzarse al campo en cuanto se pronunciara un nombre.

—¿¡Qué pasó!? ¿¡Quién fue el ganador!? —rugió Present Mic, inclinándose peligrosamente por la ventana, como si acercarse un poco más pudiera arrancarle la respuesta al caos frente a sus ojos.

—¿¡Cómo se encuentran!? ¡Profesora Midnight, revise sus constantes vitales! —ordenó Aizawa, con la voz tensa.

—Espera, Eraser... —respondió ella, sin apartar la mirada del campo—. No puedo intervenir hasta saber quién ganó y quién perdió...

El agarre del látigo crujió entre los dedos de Midnight. La impotencia le quemaba la mano. El polvo comenzaba a descender lentamente, pero la ansiedad del público hacía lo contrario: crecía, oprimía, asfixiaba. Nadie se atrevía a parpadear.

—...Cough... cough...

La tos rompió el silencio como un rayo. Un murmullo recorrió el estadio; no era alivio total, pero sí esperanza. Al menos uno seguía con vida. Al menos uno aún podía levantarse.

Una silueta se recortó entre la neblina. La figura cayó de rodillas y luego se dejó caer al borde del cráter abierto por aquella batalla inhumana. El polvo seguía cayendo, revelando poco a poco a un muchacho exhausto. Sus labios se movieron, dejando escapar una voz tan débil que apenas logró atravesar el aire.

—He ganado... —susurró—. Kacchan...

Los ojos de Midnight se abrieron de par en par. Reconoció esa voz incluso antes de verlo con claridad. Un estremecimiento le recorrió el pecho y, sin poder evitarlo, una sonrisa cargada de emoción se dibujó en su rostro. Alzó el látigo y lo hizo resonar, el eco retumbó por todo el estadio como un veredicto.

—¡El ganador es Midoriya Izuku!

El estadio estalló.

Los robots médicos reaccionaron de inmediato, avanzando hacia el campo para recoger a ambos estudiantes. El polvo finalmente se disipó, dejando al descubierto los cuerpos maltrechos: ropa hecha jirones, quemaduras visibles, respiraciones irregulares. Dos jóvenes que lo habían dado todo... y un solo vencedor.

—¡YEEEEAAAHHH! ¡La final tiene ganador! ¡El héroe que se alza entre ruinas! ¡Midoriya Izuku, el Caballero Blanco! —gritó Present Mic con la voz quebrada por la emoción.

Los gritos se mezclaron: júbilo y rabia chocando en el aire.

—¡No es justo! ¡Bakugou debió ganar!

—¡¿De qué hablas?! ¡Mira el campo! ¡Midoriya se lo ganó!

La discusión escaló con rapidez, empujones y gritos cruzados, hasta que Cementoss levantó muros entre los espectadores, imponiendo orden antes de que la euforia se transformara en violencia.

En el centro del estadio, mientras el ruido lo envolvía todo, dos estudiantes eran retirados en silencio. La batalla había terminado por fin.

Mientras ambos chicos eran llevados en camillas a la enfermería, el ambiente tranquilo del recorrido era completamente opuesto a la mente de Midoriya; ¿había escuchado bien? Si lo declararon ganador, por fin había vencido a Bakugou, nunca estuvo por delante de él, pero ahora se sentía diferente. Levantó sus manos con dificultad, ambas manos temblaban, no por miedo, no por ansiedad, sino por emoción. Su respiración entrecortada no encontraba descanso mientras sus ojos no podían centrarse en su mano.

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora