Capítulo III. Página LXXIII. Ascenso al último destino.
~Porque me tendiste la mano, ahora yo te tiendo la mía~
~Porque me hablaste cuando nadie más lo hizo, ahora te contaré mil historias~
~Porque me miraste cuando otros me ignoraban, ahora mis pupilas tienen tu silueta~
~A donde sea que vayas, solo di mi nombre~
~Mi sombra oscurecerá el peligro~
~Y tu luz iluminará mi camino~
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El frío de las tuberías de mantenimiento no disminuía el calor de la rabia que consumía su pecho. Guiado por Vessel, Izuku se deslizaba como un espectro negro a través de la red de ventilación, esquivando los escuadrones de robots que Wolfram movía frenéticamente por los pasillos principales.
Izuku pateó una rejilla de salida con un movimiento silencioso reforzado por el One For All, cayendo de pie en un pasillo iluminado por hologramas futuristas intermitentes. Miró el panel de la pared: Piso 110.
Las puertas reforzadas del final del pasillo se abrieron solas, era una invitación maliciosa claramente traicionera, sin embargo, eso era precisamente lo que buscaba. Una pista. Desde el interior, el olor a comida caliente contrastaba grotescamente con el olor a metal quemado del edificio. Izuku avanzó a paso lento, con la Katana de Alma materializándose a medias en su mano derecha, envuelta en rayos blancos y negrura mística.
Al cruzar el umbral, la ira le nubló la vista.
En el extremo de una larga mesa de conferencias blindada, la figura de Wolfram se encontraba sentada con arrogancia, cortando con calma un filete de pescado. A su lado, atada a una silla de contención, Inko Midoriya temblaba, pálida y con los ojos inyectados en llanto al ver el estado destrozado del traje de su hijo.
—Al fin dejas las cañerías, Midoriya —dijo Wolfram sin levantar la vista, dejando caer el tenedor con un tintineo metálico—. Estaba empezando a pensar que te importaba más jugar a ser una sombra que la vida de tu propia madre. Mira esto, preparé un banquete para celebrar tu llegada. Pescado, arroz... todo un clásico hogareño.
Izuku apretó los puños con tal fuerza que la sangre comenzó a brotar de sus nudillos. El impulso de saltar y borrarlo de la existencia latía en su cerebro como un tambor de guerra. Los destellos negros del Vacío comenzaron a brotar de sus poros, agitando el aire de la habitación.
—Espera... Izuku, detente —advirtió Vessel en su mente, tensando el control de su cuerpo común—. Hay algo raro aquí. Piensa fríamente, no bajes la guardia por una provocación.
—¿Por qué no sueltas a mi madre? —preguntó Izuku, con una voz tan peligrosamente baja y ronca que no parecía la de un adolescente—. Así podremos hablar todo el tiempo que gustes... cara a cara.
—¡Izuku, por favor vete! ¡Es una...! —alcanzó a gritar Inko.
Antes de que pudiera terminar, el metal de la propia silla se estiró de forma aberrante gracias al Kosei de Wolfram, convirtiéndose en una placa de hierro que se envolvió con brutalidad alrededor de su boca y su cuello, sofocando sus palabras.
—Las madres no deberían interrumpir los negocios de los hombres —sentenció Wolfram, clavando por fin sus ojos en Izuku con una sonrisa sádica—. ¿Y bien, muchacho? ¿Vas a sentarte a comer, o veré qué tan rápido se deforma este metal antes de que puedas dar un solo paso?
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El Caballero Blanco
Fiksi PenggemarPure Vessel al morir de alguna forma llega a Bnha en el cuerpo de Izuku. En otras palabras Izuku con los poderes de Pure Vessel
