La anomalía del mundo

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Capítulo III. Página LXXIV. La anomalía del mundo.

~Si sostengo mi espada, no puedo abrazarte~

~Si no empuño mi espada, no puedo protegerte~

—Tite kubo, Bleach

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El ambiente era tenso. ¿Qué podría decir? No tenía cara para enfrentar a su propia hija. Acababa de presenciar un ataque en su contra y sus amigas, algo no estaba bien, no lo entendía y eso era lo que más lo asustaba.

Frente a él, su hija lo miraba con una expresión dura, era una clara decepción en sus ojos mientras tenía sus muñecas sobre su cadera. Abrió la boca, sus labios temblaban en busca de alguna palabra, sin embargo, nada; su mirada bajó, aún sostenía el maletín, el trabajo de su vida. ¿Por qué lo sostenía? ¿Para qué había sido todo lo que estaba pasando? ¿Con qué propósito?

—Estoy esperando una respuesta.

Las palabras de su hija por alguna razón se sentían pesadas, ¿y cómo no? Tenía razón más que suficiente para sentir odio, enojo. Un pesado suspiro salió de su boca, fue lo único que salió.

—¿Entonces es verdad? —Melissa lo miró ahora con tristeza, sus manos llegaron a su pecho, entrelazándose entre sí—. ¿Trabajas con villanos? ¿¡Y-y qué hay de los monstruos dentro de esta torre!?

David levantó la mirada, ¿trabajar con villanos? No entendía por qué pensaba eso, después de todo deberían ser simples actores.

—¡N-no, no es eso! ¡Ellos son solo actores que contraté para lograr conseguir esto! —respondió David mientras mostraba el maletín—. Este es el trabajo de mi vida. ¡Con esto puedo salvar a Al Might!

—¿Salvar al tío Might? —preguntó confundida, por un momento su ira disminuyó para dar paso al diálogo, pero recordó todas sus dificultades, el diálogo tendría que esperar hasta sacar sus frustraciones—. Arriesgamos nuestras vidas... ¿Por un estúpido invento?

La expresión esperanzada de David cambió a un total shock cuando escuchó las palabras de su hija. Sus ojos ya no parecían enojados, ni tristes, parecían expresar su disgusto, asco.

—¿C-cómo?

—¿¡Secuestraron a la madre de Midoriya, por un estúpido invento!? ¡Tan solo mira la ventana! ¿¡No te das cuenta de lo que pasa, papá!?

Finalmente se dio cuenta, los villanos eran reales, no simples actores. La vista en la ventana no era agradable, ¿dónde estaba aquella isla tan gloriosa? No la podía encontrar; pero tenía una duda. ¿Pero cómo? ¿Cómo terminó todo de esa forma? El maletín le fue arrebatado de sus manos, todos dirigieron su mirada a las manos que se alejaban con el maletín con sorpresa.

—¿Sam? —preguntó David con los ojos bien abiertos en el shock—. ¿Qué significa esto?

Uraraka y Tsuyu se pusieron en guardia, aunque Uraraka apenas se mantenía en pie. Melissa caminó instintivamente detrás de su padre, pero sin apartar su mirada de Sam, su muñeca tenía lista una pantalla para manipular la seguridad, era su única ventaja.

—Todo esto es tu culpa, David —susurró, aferrándose al maletín con desesperación. Apenas mantenía su mirada con David—. ¡Abandonaste nuestros sueños! ¡Trabajamos mucho tiempo en esto y lo abandonaste como si nada!

—¿Abandonarlo? —preguntó David—. ¿¡Abandonarlo!? ¡Nos lo robaron, Sam! ¡Los directivos decidieron que era peligroso! ¿¡Qué querías que hiciera!? ¡Todo lo que hacemos es gracias a que ellos nos lo permiten!

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora