I-Island

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Capítulo III. Página LXII.

~Te busco en los bordes de lo que no existe~

~Miro al desierto y le rezo a la lluvia~

~Ya no queda aire, solo un eco seco~

~Vistiendo de vida en la ausencia y sobras~

~Qué cruel esel alivio que engendra mi dolor~

~Mientras construyo castillos con humo y arena~

~Y el tiempo es solo una cuerda gastada~

~Sabiendo que el viento los va a deshacer. Aún en la caída, me niego a caer~

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—Izu, querido, ¿qué quieres cenar hoy? —preguntó Inko Midoriya.

—Izuku cambió de lugar. Dijo que estaría ocupado —respondió Vessel desviando un poco la mirada.

Inko lo miró, un poco sorprendida, pero no molesta. Se acercó hasta Vessel, quien estaba sentado sobre un sofá, y le rodeó el cuello con sus brazos.

—Entonces respóndeme, hijo —pidió mientras se divertía con la actitud de Vessel. Observó a su hijo, a sus ojos era un simple niño, podía ver a Izuku en su mameluco de All Might en él.

Vessel rara vez se presentaba en la residencia Midoriya, la mayor parte del tiempo era Izuku, pero cuando él estaba presente Inko podía notar cierta incomodidad en él, como si aún no aceptara el hecho de ser de la familia.

—Yo... Me gustaría dejarlo a tu criterio... Me gusta tu comida —susurró al final. La vida de Vessel estaba mejorando, crecía emocionalmente y lograba adaptarse un poco a esas emociones que caracterizan a una persona. Sin embargo, aún no las comprendía, no entendía el origen de esas emociones, así como el calor que siente cada que Inko lo llamaba "hijo"

Con una risita, Inko se retiró a la cocina. Vessel la miró de reojo, aunque su expresión no mostrara nada, sus acciones lo delataban. Esa aceptación le gustaba, no tenía que ser una herramienta, no tenía que ser un guerrero. Solo era un hijo que debía ser protegido.

La comida fue grata y deliciosa. Inko había preparado Tonkatsu con curry junto a una pequeña cantidad de sopa de miso, lo que le llevó bastante tiempo preparar, después de todo era su primera vez preparando curry. Vessel probó un pedazo del cerdo remojado en el curry, estaba perfecto. Los sabores eran algo que disfrutaba al usar el cuerpo de Izuku, pues al ser una vasija no tenía boca con la que comer, en este mundo, amaba con vehemencia el hecho de probar tales manjares.

—Está rico —declaró Vessel sin apartar la mirada de su plato—. El curry también. Es picoso, duele en la lengua... Pero me gusta.

—Jeje... ¡P-por supuesto que lo estaría! —Inko sentía volver su alma al recibir el visto bueno—. ¡Después de todo, siempre me ha salido delicioso mi curry!

Inko probó el curry, su expresión se oscureció mientras regresaba la cuchara con lo que había metido en su boca. ¡Estaba jodidamente salado! Inko miró a Vessel comerlo todo, lo comía con elegancia y tranquilidad, pero... Tenía una sonrisa, era casi invisible, pero Inko la sentía, sabía que estaba ahí a pesar de que esos ojos sin emoción quisieran ocultarla.

—Nunca lo habías preparado, lo sé —respondió Vessel—. ¿Fue por mi?

Finalmente se atrevió a mirarla, y sus pupilas por un breve momento mostraron emoción, amor.

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora