Paralelismo

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Capítulo III. Página LXXXII.

—¿Vacío? ¿Te refieres a ese poder oscuro? ¿Qué quieres decir con que no puedes usarlo? —preguntó Aizawa, deteniendo la máquina con un interruptor. El silencio que regresó se sintió de golpe mucho más pesado. Su plan de entrenamiento parecía haber colapsado antes de dar el primer paso, pero por dentro, la convicción de Eraserhead seguía intacta; no iba a abandonar al chico a su suerte con esa bomba de tiempo en el pecho.

—Así es, sensei. No puedo usarlo. Vessel no lo está bloqueando... En realidad, él dice que soy yo, inconscientemente, quien lo tiene sellado —respondió Izuku, bajando la cabeza. Sus hombros se encogieron, aplastados por el peso de la vergüenza de no poder controlar su propia existencia.

—Ya veo. En ese caso, no tiene sentido la práctica si no puedes sacar ese poder —respondió Aizawa con una calma plana, tan desprovista de juicio que sorprendió al peliverde—. Midoriya, si tú eres quien lo bloquea hay una razón —explicó—. Es por culpa.

Izuku escuchó, puso atención a cada palabra, sin embargo no le agradaba la dirección a la que se dirigía la explicación.

—Midoriya, lo que sientes es la culpa del sobreviviente. Te culpas por haber sobrevivido y tu madre no. —continuó. Izuku apretó los dientes mientras seguía con la mirada baja, evitando cualquier contacto visual a propósito—. Pero tienes que entender, que no es tu culpa. Mientras sigas culpándote, nunca serás capaz de progresar Midoriya. No es...

—¿¡Pero qué sabe usted!? —interrumpió Izuku.

El grito rasgó el aire. La docilidad habitual del chico se evaporó, desapareció, siendo reemplazada por una hostilidad defensiva y herida. Aizawa no retrocedió ni un milímetro y tampoco se sorprendió por el repentino grito del peliverde; mantuvo sus manos en los bolsillos, sosteniendo la mirada desencajada de su alumno.

—¡Para todos es jodidamente fácil hablar! —bramó Izuku, con la voz temblando por la indignación—. «Midoriya, no es tu culpa», «Midoriya, sé fuerte», «Midoriya, tienes que seguir adelante»... ¡David Shield fue testigo de cómo perdí el control del Vacío en el mar! ¡Ni siquiera encontraron su cuerpo, sensei! ¡Nada! ¡La borré! ¡Yo la borré!

La confesión cayó entre ellos como un bloque de plomo. Izuku se llevó las manos a la cabeza, enterrando los dedos en su cabello verde con desesperación, jalándolo como si quisiera arrancarse los pensamientos. Sus ojos esmeralda, inyectados en sangre, comenzaron a derramar la culpa que lo asfixiaba, llena de pura frustración y agonía. Su voz se quebró por completo, volviéndose un hilo ronco y doloroso:

—¿Cómo... cómo me pueden decir que todo está bien? ¿Cómo se atreven a decirme que no es mi culpa cuando fui mi propio kosei el que la borró?

Aizawa dio un paso al frente. El viento de la montaña agitó las cintas de su bufanda de captura. Su mirada severa no flaqueó, pero sus ojos cansados adquirieron una profundidad distinta.

—Midoriya...

—¡Así que dígame! —le encaró el chico, dando un paso hacia él, con el pecho agitado y los puños apretados hasta que los nudillos le quedaron blancos—. ¿¡Con qué maldito derecho me dice usted que no es mi culpa!?

El grito de Izuku quedó suspendido en el aire de la montaña, amortiguado por el denso silencio del bosque. Algunas aves reaccionaron a la agresividad de su tono volando lejos. Su pecho subía y bajaba violentamente, y sus ojos esmeraldas desafiaban directamente la mirada del héroe borrador. Esperaba un castigo, una reprimenda por su insubordinación, o tal vez esa lástima silenciosa que tanto detestaba.

Sin embargo, Aizawa no se movió. Ni siquiera parpadeó. Su bufanda de captura permaneció quieta alrededor de su cuello.

—No tengo ese derecho —respondió Aizawa con una voz tan plana y fría que caló más profundo que cualquier grito—. Tienes razón. Yo no estuve en esa isla. No vi el Vacío desbocarse, y no sé lo que es perder a una madre de esa manera. Ninguno de nosotros lo sabe.

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora