La centinela del reino caído

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Capítulo III. Página LXXXVIII.

Jiro se desplomó en el frío suelo. Aizawa prestó atención a sus palabras. Preocupado por la advertencia, se acercó a Izuku para tratar de despertarlo. Movió sus hombros con la delicadeza de un experto en sigilo, pero no despertaba; pensó seriamente si usar su kosei sería buena idea, pero al no ver algún indicio de daño en el chico decidió no actuar por el momento, necesitaba información para actuar, necesitaba que Jiro se despertara.

Mientras tanto, en la mente de cierta persona, había una niebla que cubría todo lo que la vista podía alcanzar. Caminó unos pasos, preguntándose por qué observaba toda esa niebla.

—¿¡Hola!? —preguntó. Se mantuvo en silencio por unos minutos, esperando una señal, cualquier cosa, pero nunca la recibió.

En cambio, decidió caminar por la densa niebla. Tenía una sensación en la nuca que no le permitía concentrarse, como si alguien observara su caminar en un juicio severo. Sentía el peso de una mirada discreta, pero llena de hostilidad.

—¿Dónde estoy? —se preguntó—. Lo último que escuché fue a Vessel, pero... Ya no escucho nada.

La niebla comenzaba a disminuir mientras más caminaba, encontrándose en los límites del reino de Hallownest; el sonido de metal chocando entre sí resonaba, mientras el frío calaba en sus huesos. Siguió caminando con cierta atracción al sonido más adelante, hasta que encontró su origen después de atravesar un largo camino de piedra y nieve, bajando por plataformas de piedra hasta llegar a un espacio abierto cubierto de nieve.

—¡Demuéstrame que puedes aceptar el pasado de este reino y hacerte con la responsabilidad de su futuro! —gritó una voz femenina, mostrando autoridad, sin embargo, sintiendo un leve anhelo en su voz.

—¿Quién...?

Observó el choque de aguijones entre ambos contendientes. La mujer de vestimenta roja contra el joven de vestimenta azul. La mujer parecía muy dinámica, moviéndose entre cada ataque, complicando la movilidad del joven al colocar trampas. El joven disparaba proyectiles de luz blanca, dañando a la mujer, evitando sus fintas y adaptándose poco a poco a su combate.

—¡Fantasma de Hallownest! ¡Esto no es suficiente! —gritó mientras lanzaba su arma hacia el joven, atrayéndose a él, golpeándolo en una patada.

Sujetó su arma desde un hilo, un hilo que brillaba junto a la luz, disfrazándose junto a la nieve. Su arma comenzó a girar en movimientos rítmicos alrededor de la mujer mientras se acercaba al joven, quien solo mantenía la distancia bloqueando y esquivando la trayectoria del arma.

Observaba el combate con maravilla, aquella mujer parecía dominarlo aún cuando el joven lograba invocar arañas o lanzaba gusanos, cualquier tipo de estrategia que se le ocurriera. Pero la escena comenzó a desvanecerse, difuminándose entre la niebla nuevamente.

—¡E-espera! —gritó, deseando presenciar el desenlace del combate—. ¡Aún quiero verlo! ¿¡Qué sucedió!?

—Al final fui derrotada —respondió una voz detrás suyo.

—¡Gah! Que susto... —sujetó su pecho por la sorpresa, pero abrió los ojos al reconocerla—. ¡Eres esa mujer!

—Mi nombre es Hornet, centinela de Hallownest, e hija del Rey pálido de Hallownest, hermana del Hollow Knight y del fantasma de Hallownest. ¿Quién eres tú, pequeña?

—M-mi nombre es K-kyoka Jiro... —tartamudeó, nerviosa por la cantidad de títulos que se impuso. Uno de ellos le resonó en la mente, confundiéndose. Entrecerró los ojos y la miró curiosa—. Espera... ¿Dijiste que eras hermana del Hollow knight?

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora