Dulce hogar

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Capítulo III. Página LXXXIV.

¡Jaaa!... ¡Jaaa!

La respiración se le atoraba en la garganta en cuanto abrió los ojos. Su cuerpo entero temblaba violentamente mientras se giraba de golpe, hincando las manos en la tierra húmeda para no caer. El sudor frío le bañaba el rostro y sus pupilas dilatadas no podían fijarse en ningún punto; vibraban erráticas. En cada piedra, en cada mota de polvo y en cada hierba que veía proyectada la imagen del Aguijón atravesándolo. La memoria de muertes consecutivas le aplastaba la cabeza.

—¡Midoriya! —exclamó Aizawa, acercándose con rapidez para posar una mano firme en su espalda.

Al sentir el tacto, Izuku reaccionó por instinto salvaje: sacudió el brazo con brusquedad para apartar la mano de su profesor, perdiendo el equilibrio y resbalando en la tierra hasta caer de espaldas, jadeando sin control.

¡Jaaa! ¡Jaaa! No puedo... ¡no puedo respirar! —suplicó entre cortadas bocanadas de aire.

Aizawa apretó los dientes. La ansiedad comenzaba a filtrarse en su compostura; el chico no estaba teniendo un simple berrinche, estaba sufriendo un colapso neurovegetativo grave. Sin perder un segundo, sujetó el walkie-talkie de su cinturón táctico y presionó el botón.

—¡Mandalay, Mandalay! —solicitó con voz tajante. La estática crepitó un par de segundos antes de abrirse.

—¿Eraser? ¿Qué sucede? —respondió Pixie-Bob; el tono juguetón habitual había desaparecido, reemplazado por una seria preocupación.

—Necesito que envíes de inmediato a Tsuyu Asui al sector este del campo de entrenamiento. Ahora mismo.

—Entendido. En marcha.

Con profesionalismo absoluto, Pixie-Bob no pidió explicaciones. En una situación de emergencia, las preguntas se dejaban para después.

Bajo la luz dorada del atardecer, Asui se encontraba estirando la lengua para mejorar su precisión en movimiento. Saltaba con agilidad de roca en roca, golpeando puntos específicos fijados en la pared de piedra. Justo cuando aterrizó, la tierra bajo sus pies se suavizó mágicamente hasta volverse arena, amortiguando su caída y guiándola hacia donde la esperaba la heroína.

—¿Kero? —ladeó la cabeza confundida.

—Asui-san, dirígete en esa dirección lo más rápido que puedas —ordenó Pixie-Bob, señalando con el brazo extendido hacia una arboleda espesa—. No hay tiempo para explicaciones. ¡Rápido!

Asui asintió con un "kero" seco y se lanzó a la acción. Daba saltos enormes, usando la flexibilidad de su lengua para impulsarse entre las ramas más altas del bosque. Le tomó apenas un par de minutos divisar la silueta de Aizawa e Izuku entre los claroscuros de los árboles. Aterrizó a escasos metros de ellos y se posicionó al lado de su profesor. En cuanto fijó la vista en el peliverde, su rostro se desencajó.

Midoriya estaba tendido en la hierba, temblando al borde de la convulsión mientras se clavaba los dedos en el cuello de su camiseta como si intentara arrancársela para airearse. El sonido de su respiración forzada, entrecortada y agónica era desgarrador.

—Aizawa-sensei... ¿Qué le ocurre a Midoriya-chan? —preguntó. Aunque intentó mantener su habitual tono neutro, un matiz claro de angustia se le escapó en la voz.

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⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

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