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Capítulo II. Página XLV

—Tsukauchi, ¿Dónde están Eraserhead y Present Mic?— preguntó Gran Torino—. Hay un nivel subterráneo en este lugar. Tenemos mucho que investigar, y ellos mucho que explicar.

La gente al rededor estaba alarmada, la situación se había vuelto caótica después de que All Might quisiera excavar dentro del edificio.

Tsukauchi miró a su alrededor, estaban sus oficiales, pero ninguna señal de los dos héroes. Le indicó a Gran Torino que lo siguiera y ambos caminaron hasta la última persona con la que vieron interacción.

—Señor, ¿Sabe dónde están nuestros compañeros héroes?— preguntó el detective a lo que el tipo negó—. Haa... Todo sería más fácil si nos dice la verdad, si no lo hace, lo arrestaremos por obstrucción.

El tipo suspiró algo nervioso, sin embargo no mostró señales de hostilidad, entonces, ¿Cómo es que tenía la cabeza de Tsukauchi bajo la suela de su zapato? Todo había sido demasiado rápido, Gran Torino no logró percibirlo, ¿En qué momento se movió? Miró a su alrededor, todo el personal del edificio los estaba rodeando, los oficiales estaban batallando.

—¿En qué momento sucedió todo esto? Te preguntarás— adivinando los pensamientos de Gran Torino, el tipo se acercó lentamente mientras se acomodaba su corbata—. Es simple, mi kosei me permite crear esos "momentos en blanco" de una persona.

—¿Uh?

Gran Torino estaba confundido, ahora se encontraba sujetando aquella mano que no soltaba su cuello. Con su kosei avanzó lo suficiente para darle una patada al rostro del tipo, eso funcionó, lo había soltado.

Comenzó a rebotar por toda la sala, paredes, piso, escritorios, techo. El tipo no se inmutaba, pero recibía los golpes de Gran Torino. El caos era definitivo, mientras los oficiales se encargaban de los otros empleados con kosei menores— en cuanto a amenaza— Gran Torino no podía vencer a este enemigo. Soportaba cada golpe, incluso podría decir que estaba aprendiendo a distinguir su patrón.

Al llegar a un escritorio, arranco un teclado y con eso golpeó el rostro del tipo. Finalmente una mueca de disgusto llenó su rostro, su mano acarició su nariz mientras que escurría por el fuerte golpe.

—¡Maldito anciano, tenía paciencia contigo porque eras viejo! ¡Ahora morirás junto a todos tus amigos!

Desesperado corrió hasta donde estaba el detective Tsukauchi, aún inconsciente, tomó una engrapadora y la colocó justo en su ojo.

—Parece que toqué algo más que su rostro— sonrió mientras pensaba, parecía apreciar mucho su apariencia.

—¡Si te sigues moviendo dejaré ciego a este hombre!— amenazó, sin embargo Gran Torino no se detenía, cada vez se movía más rápido. El tipo solo cambiaba su expresión a una desesperada—. ¿¡Por qué mierda no te detienes!? ¿¡No te importa lo que le pase!?

—Tú nunca has tomado una vida. ¿Cierto?— preguntó sereno mientras observaba la desesperación en el rostro del tipo—. Actuabas tan arrogante que creí que serías mayor problema. Veo que me equivoqué. A mí edad uno hace juicios apresurados.

Con la velocidad suficiente conectó una fuerte patada en la parte posterior de su cabeza, era su parte favorita en el oficio, noquear a los villanos de un movimiento, lo hacía sentirse jóven nuevamente.

—...— miraba fijamente a su mejor amigo. Su expresión no revelaba nada, usualmente era todo lo contrario, siempre ruidosamente molesto, expresivo, alegre; su rostro no mostraba nada de eso en este momento, era desesperante.

—¿Qué pasa, Shouta?

—Ugh, llevamos media hora aquí adentro, Midoriya sigue perdido, hace poco se sintió un temblor... ¡Y nosotros estamos jugando cartas! Esto es molesto...

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora