Riesgo de 170°

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Capítulo III. Página LXXI.

~Admirar~

~Desear~

~Decepcionarse~

...

~Volver a soñar~

~Crecer~

~Crear~

~Así es la vida. A veces te lleva por caminos que no esperas~

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El viento zumbaba en los oídos de las chicas mientras se aferraba a la fé sobre sus compañeras Asui y Uraraka. La mochi las mantenía en el aire, mientras que la ranita las anclaba en el lugar. Tsuyu comenzó a subir con cuidado, la superficie se volvía más resbalosa como para estar adherida firmemente, de vez en cuando resbalaba una mano o un pie.

—¿¡Saben!? ¡Nunca creí que haría algo así en mi vida! —gritó Melissa, dejando escapar una risa incómoda. Miró su muñeca, la pantalla holográfica le indicaba los cambios que sucedían dentro de la torre, pero una señal la hizo temblar—. Uh... ¿¡Chicas!?

—¿¡Qué sucede, Shield-san!? —preguntó Momo mientras se aferraba a la cuerda.

Melissa con un gesto de su mano hizo que la pantalla girara para mostrarse a Yaoyorozu. La chica no necesitaba ser experta en tecnología o en los complejos sistemas de la I-Island para identificar el problema. Una simple imagen bastó, drones se acercarían para interceptarlas. Indefensas. Expuestas. Sin lugar al que huir.

El zumbido mecánico de los motores de hélice comenzó a distorsionar el silbido del viento. Primero fueron dos, luego cuatro; siluetas metálicas con sensores ópticos de color rojo brillante emergieron de entre las nubes inferiores, apuntando sus ametralladoras integradas directamente hacia el grupo suspendido.

—¡Vienen de tres en fondo! —advirtió Melissa, encogiéndose instintivamente mientras el holograma parpadeaba en rojo—. ¡Se preparan!

—¡Tsuyu-san, no te detengas! ¡Sigue subiendo! —ordenó Yaoyorozu, cuya mente ya estaba calculando las densidades atómicas de los materiales—. ¡Jiro, necesito que seas mi artillería!

—¡Si tan solo tuviera mis bocinas! ¡Te dije que era mala idea venir con este vestido! —se quejó mientras apretaba su agarre en el vestido.

—¿¡Ahora, Kyouka!? ¿¡En serio!?

La espalda de Yaoyorozu se iluminó salvajemente mientras se creaba un escudo balístico de gran tamaño hecho de policarbonato revestido en vidrio. El vestido de Yaoyorozu se rompió de la espalda hasta la espalda baja, permitiendo liberar el gran objeto que cubría a todas juntas como si fuese el caparazón de una tortuga. Uraraka con la determinación que pudo juntar, desafió sus náuseas y volvió a usar su kosei en Yaoyorozu, esto para que lograra cubrirlas mejor.

Las balas comenzaron a disparar, sin embargo, la superficie del escudo era irregular, no estaba uniforme e incluso estaba curvo en los bordes; las balas no solo rebotaron, algunas se desviaban minimizando el daño al escudo.

—¡O-oye, Yaomomo! ¿¡Estás bien!? —su amiga parecía exhausta, de pronto parecía más delgada pero se aferraba a su brazo con fuerza. Sostuvo a su amiga sin dejarla ni un momento.

—¡Kyouka! —gritó Melissa para llamar su atención—. ¡Dijiste que si tuvieras tus bocinas podrías hacer algo! ¿¡Cuales son sus especificaciones!?

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora