La dopamina del más débil

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Capítulo II. Página LVIII.

~Aquel que no aprende de sus errores, se condena a nunca avanzar~

~El error es maestro para quien escucha, pero también es una prisión para quien lo ignora~

~Aquel que no avanza, nunca cumplirá su sueño~

~El camino pertenece a quien avanza, no a quien teme dar un paso~

~Aquel que no sueña, no vive. Solo existe~

~Los sueños... Son la última prueba de que el alma sigue viva~
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—¡El equipo Yaoyorozu y Tsuyu han aprobado el exámen!

La voz de los altavoces que se encontraban en cada zona simulada resonó en medio de las pruebas. Cada grupo tenía un pensamiento distinto, sin embargo, había una excepción. El sentimiento de inferioridad les daba combustible al espíritu para lograr pasar el examen.

—¡Demonios sí! ¡Este es el mejor exámen de la vida! —exclamó Mineta mientras soltaba bolas por aquí y por allá—. Tan solo pensar que Midnight-sensei quede atrapada por mis bolas... Jejeje... Je...

—Amigo... Contrólate. Siento tus hormonas... —reprendió Sero—. Haa... Pero debo admitir, que has usado bien esa cabeza tuya.

—¿Qué te puedo decir? ¡Estás frente al héroe de los harén! ¡El gran Grape Juice!

Sero no sabía qué sentir. ¿Orgullo por la confianza de su compañero? ¿Temor por su meta de héroe? ¿Vergüenza por la pose confianzuda que estaba realizando ahora mismo? De cualquier forma, estaba dando todo de sí y no dejaría que su determinación se hiciera basura.

—De acuerdo, Mineta —se acercó a colocarle una mano sobre su hombro—. ¿Qué sigue? Confiaré en tu plan.

El pulgar arriba de Sero emocionó al chico de bolas moradas, era raro que alguien expresara confianza hacia él. Su sonrisa al igual que su valor aumentaron mientras asentía agradecido. Miró el panorama, la zona que les había tocada era una rocosa llena de obstáculos que usó a su favor.

—Sero-kun, ten cuidado de no pisar mis bolas, son pegajosas para cualquiera menos para mi.

—Si... Seguro... ¿Podrías dejar de decirles "bolas"? Es un poco incómodo —respondió ocultando su rostro con su casco.

Mineta lo miró con una expresión oscura y lasciva, era el momento perfecto para molestar a su amigo un poco.

—¿Ho? ¿Acaso estás avergonzado de presenciar mis bolas?

Afortunadamente no necesitó responderle a su pequeño compañero. El sonido del látigo resonando en el aire hizo eco en la zona. Ambos chicos miraron el origen; mientras que Sero se mantenía en guardia, Mineta abría la boca y sacaba la lengua aullando un poco.

—Por favor... Regrésame la confianza que te di... —murmuró Sero.

—¡¿Acaso están tratando de atraparme en lugar de huír?! —azotó nuevamente su látigo al aire—. Creo que me subestiman —murmuró relamiéndose los labios.

—¡Sero, atrae su atención! —gritó Mineta.

Sero dudó un poco pero asintió corriendo hacia su sensei. Midnight no avanzó más allá de donde estaba, pues el lugar era un campo minado de las bolas de Mineta. Esperó a que el chico se acercara a través de dicho campo. Sero usó su kosei para lanzar piedras de su alrededor, pero Midnight las evitaba con simplicidad, no requería esfuerzo alguno.

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora