Sello

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Capítulo II. Página XXXIX.

«Tap, tap, tap, tap, tap, tap»

Los pasos acelerdos resonaba en un eco distante por los pasillos impecables de aquellas instalaciónes, junto a ellos, un chisporroteo gradualmente se hacía presente. 

—Interesante, este chico es un fenómeno completo. Es el arma perfecta— murmuró la mujer que vigilaba a Izuku. Agarró una tableta y comenzó a hacer sus anotaciones, ajena del esfuerzo del chico para encontrar la salida. 

En una pantalla, la ubicación de Izuku se mostraba en un mapa donde se mostraba un punto rojo siendo la meta del laberito. La mujer observó nuevamente al chico mientras su interés por él se hacía mayor.

—Señora presidenta, ¿no sería prudente otra forma de adiestrarlo a nuestra visión?— preguntó un subordinado con un poco de duda en su voz, duda que no fue pasada por alto.

—¿Entonces qué propones?— preguntó la presidenta—. Si tienes una mejor idea me gustaría saberla.

La voz de la presidenta no mostraba hostilidad, sin embargo, poseía ese tono autoritario que hacía dudar a más de uno; la confianza de manejar las cosas como ella lo necesita, esa mente de estratega la ha llevado muy lejos en su historia como presidenta. El subordinado solo agachó la mirada, incapaz de responder a su pregunta, se disculpó y se retiró.

—Es hora de iniciar con la segunda fase— murmuró. Con la misma tableta presionó un botón y comenzó a hablar—. ¿H-hola? ¿Me escuchas?

En la pantalla Izuku se detuvo, tomendose un momento para respirar; su pecho subía y bajaba, pero pronto se controló.

—¿Quién eres?— preguntó con hostilidad.

Así que si me escuchas— dijo la presidenta, su tono de voz había disminuído para aumentar la eficiencia de s actuación—. ¿Quieres salirde este lugar? Puedo hecharte una mano.

La propuesta fue como un oasis en medio del deserto para Izuku, pero mientras más pensaba en esa propuesta, más recordaba al rey pálido. Había sentido un poco de esperanza, pero pronto esa esperanza se convirtió en duda y desconfianza. Hizo una mueca y respondió.

—¿Qué ganas tú?— preguntó—. Debe haber una razón para que me ayudes.

He visto a muchos niños entrar aquí— respondió, su voz casi desapareciendo—. Pero casi ninguno sale. Solo... N-no quiero que se repita...

La presidenta tenía una sonrisa mientras hablaba, era una maestra en la actuación y estaba orgullosa de ello. Mientras observaba a Izuku pensarlo, no podia evitar sentir una excitación por estar manipulando poco a poco al chico.

—No confío en ti— declaró—. Pero al menos escucharte me audará a avanzarmás de lo que lo hago por mi mismo.

Muchas gracias... Te llevaré a un lugar donde puedas descansar, pronto me contactaré contigo después. Sigue derecho.

Izuku solo siguió sus instrucciones, los caminos por los que caminaba eran distintos cada vez, notaba la diferencia en la forma delos caminos, la cantidad de bifurcaciones, el espacio entre ellos; pronto llegó a una puerta blanca.

Debes entrar... ¿Eres bueno luchando?

—... ¿Qué hay ahí?

El lugar donde te encuentras está conectado a una prisión oculta. Algunos prisioneros del Tártaro que son condenados a muerte son llevados ahí para proceder con su ejecución... O peor.

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora