Muñeca de porcelana

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Capítulo II. Página LVII.

~No soy la porcelana que se quiebra ante el juicio del maestro~ 

~Ni el eco de una duda que se ahoga en el silencio~ 

~Soy la determinación que se quema, el hambre que devora el acero~ 

~El vacío que antes me aterraba, hoy es mi mejor tablero~

~He dejado de esperar la mano que me guíe en la batalla~ 

~Conviértete el muro, el destello y la metralla~

~Que el cuerpo se consuma si el ingenio necesita combustible~ 

~Que el orgullo se desangre para hacer lo imposible~ 

~No peleo con la gracia del que no conoce el miedo~ 

~Peleo con la astucia del que ha apostado hasta el último dedo~

~Si el corazón se rompe, que sus piezas sean dagas~ 

~Si la vista se apaga, que la trampa sea la que lo pague~ 

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—¿Estás lista, Asui-chan? —preguntó Yaoyorozu mientras observba el terreno. Una zona residencial amplia donde solo habían casas comunes.

—Por supuesto, Momo-chan-kero.

Ambas caminaron ciegamente, estar quietas las convertiría en un blanco fácil para Eraserhead. Yaoyorozu caminaba con cierta duda en su andar, conocía sus cualidades, pero dudaba de su desempeño práctico; desde su derrota en el festival ha pensado seriamente su futuro como heroína.

—Momo-chan —habló Asui—. ¿Qué deberíamos hacer con Aizawa-sensei? Kero

—B-bueno... Su kosei es problemático, tal vez... Tal vez lo mejor sea huir —respondió, pero un suspiro que erizó el cuello de ambas chicas las hizo ponerse en guardia.

—¿Huir? —la voz de Aizawa no vino de frente, sino que apareció de repente desde los tejados—. Un héroe no huye porque el escenario es difícil, Yaoyorozu. Huye cuando ha calculado que no hay otra opción. Pero tú... tú no estás calculando. Solo tienes miedo.

Un par de vendas de captura cruzaron el aire como serpientes. Tsuyu reaccionó por instinto, rodeando la cintura de Momo con su lengua y saltando hacia la pared de una casa para esquivarlas.

—¡Momo-chan, concéntrate! —exclamó Tsuyu, pegada a la pared—. Si no te concentras, nos anulará una por una.

Yaoyorozu aterrizó con torpeza, sintiendo que sus manos temblaban. Miedo, la palabra de Aizawa golpeó justo en su inseguridad. Miró sus palmas; ella podía crear cualquier cosa, un mapa, un arma, una salida... pero su mente era un caos de variables.

—Él tiene razón —susurró Momo, su voz apenas un hilo—. No estoy liderando, Tsuyu. Estoy esperando a que él me guíe nuevamente... Como lo hizo en U.S.J...

Desde lo alto de un poste de luz, la silueta de Aizawa se recortaba contra el cielo. Sus ojos brillaban en un rojo intenso y su cabello flotaba, desafiando la gravedad. El aire alrededor de las chicas se volvió pesado; ya no podían usar sus Koseis.

—En ese incidente tus ojos tenían pasión. Ahora solo pareces una Matrioshka vacía —dijo Aizawa, descendiendo con una gracia letal—. Si el presidente de la clase viera esta indecisión, ¿crees que te pediría un plan o que simplemente te usaría como una distracción?

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora