¿Por qué existo?

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Capítulo II. Página LII.

~Existir es una piedra fría que solo sabía recibir el golpe de la lluvia.~ 

~Existir es el sentido que apareció al recordar el calor del que se ha ido y el hambre del que se queda.~ 

~Él no es ese cuerpo, ni ese nombre; es la vasija donde los muertos se refugian del olvido.~ 

~Existir es el dolor de la herida que le recuerda que, a pesar de las sombras, sigue aquí.~ 

~Es el eco de todo lo que fue, y la promesa de todo lo que será.~ 

~¿Entonces quién es él?~

~¿Un hombre? ¿Un monstruo?~

~¿Cómo defines tu existencia cuando ni siquiera sabes quién eres?~

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—¿Estás seguro? —preguntó vessel mientras se colocaba el uniforme de Yuuei.

—Demasiado, estoy un poco cansado para continuar. Dame un respiro, han sucedido muchas cosas.

—Como prefieras.

—Si, si. Solo recuerda pedirle al departamento de apoyo lo que te escribí en las notas del celular.

Vessel caminó hacia el comedor. El olor del katsudón que tanto prefería el cuerpo de Izuku le hizo gruñir las tripas. 

—Fufufu, parece que alguien se levantó hambriento —se burló Inko. Tenía unas ojeras notables y lucía ligeramente más delgada—. Come con calma, recuerda que tienes un permiso para ausentarte, no es necesario que asistas desde hoy.

—Lo sé, pero si quiero ser más fuerte, deberé aprovechar cada clase que pueda. Para no preocuparte más —respondió con simpleza; una pequeña mentira ya que era demasiado fuerte, si quisiera podría acabarlos; hasta ahora nada ha soportado el chillido del abismo, eso significa que atacar a una persona directamente sería desastroso, sin embargo, no es solo su vida. 

—Entiendo, pero como su madre, no puedo evitar preocuparme —sus brazos lo rodearon con la urgente necesidad de sentir que estaba con ella—. No puedo imaginar como sufrieron...

—Te prometo que no te haré llorar de nuevo, madre.

Inko solo se limpió las lagrimas que amenazaban con salir. Confiaba en Vessel, tenía una firmeza que era relajante para ella. Podía contar con él.

—De acuerdo. Confiaré en ti.

El desayuno concluyó con bastante normalidad. En todo el tiempo que fueron secuestrados, Inko soportó tal estrés que adelgazó de forma preocupante. Las mejillas se notaban más huecas, de sus brazos colgaba un poco la piel, los ojos mostraban las ojeras de una madre preocupada que no dormía hasta querer saber de su hijo.

Vessel agradeció la comida y se retiró con el respeto que merece su madre. Tranquilamente continuó su camino hasta yuuei; seguía siendo impresionante a su vista para ser una academia, aunque claro, el palacio blanco era aún más grande.

¡Mina, Mina! —susurró el uniforme flotante con bastante preocupación—. ¿Oíste los rumores?

—¿Uh? No, ¿de qué rumores hablas?

Toru miró a ambos lados con preocupación a pesar de ser una acción ajea a la percepción de Mina. La pelirosada sintió presión en su muñeca y fue arrastrada a un rincón. El salón no estaba completamente lleno por lo que las expertas en el intercambio de información de eventos microhistoricos de tiempo y espacio determinados podían tener al menos un poco de privacidad, después de todo no todos estaban atentos a los chismes de yuuei.

El Caballero BlancoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora