Capítulo III. Página LXXVI.
~No sueltes mi mano, aún no aprendo a mantenerme de pie~
~No sueltes mis hombros, aún no aprendo a andar en bicicleta~
~No sueltes mi mirada, aún no aprendo a dejar de verte~
~Y por favor, no sueltes mi corazón, porque nunca aprenderé a dejarte ir~
---
La lluvia caía sobre la isla científica, todo era un caos. El mar se encontraba turbulento de rabia, el cielo lloraba la pérdida que un chico sentía.
El mundo se estremecía ante la ira consumida temporalmente, el destino se había impuesto y no había vuelta atrás. En el futuro, el juguete del destino sufriría, reiría, pero lloraría.
Una nueva profecía se murmuraba entre mares y vientos. El juguete del destino moriría ante la persona que más ama, no hay cambios, no hay fracturas por las que se puedan filtrar. Es un hecho.
De la isla, una lancha avanzaba con urgencia. El navegante, David Shied se mostraba ansioso por llegar al punto objetivo.
—¡Papá, tenemos que darnos prisa! ¡El clima se comporta de forma extraña! —gritó Melissa, leyendo datos en una tableta.
David lo sabía, tenían que darse prisa pero la lancha avanzaba a toda la velocidad que podía ofrecer. El mar le salpicaba con ternura sobre su rostro, acariciando los lamentos que se murmuraba en su mente.
—Lo siento mucho, Midoriya —pensó David mientras se lamentaba de las decisiones que había tomado.
—¡Papá, mira! —gritó Melissa, señalando a unas sombras a la distancia—. ¿¡Crees que sea!?
—¡Si! ¡Es él! —se alegró un poco al verlo, sin embargo, algo estaba mal—. Un momento... ¡No veo a su madre! No me digas que...
La lancha avanzó lo suficiente para mostrar claramente la escena. Izuku se encontraba boca abajo, el vacío estaba liberándose erráticamente sin control, se formaban tentáculos que se revolvían violentamente, partículas que estallaban al contacto de una gota de lluvia o mar.
—¡Papá, detén la lancha! —gritó Melissa, cubriéndose el rostro cuando una partícula negra estalló a pocos metros de la proa, evaporando instantáneamente el agua de mar en un siseo violento—. ¡Si nos acercamos, cabe la posibilidad de que terminemos peor que muertos!
David desaceleró, manteniendo la embarcación a una distancia prudente. El panorama era desgarrador. Izuku flotaba a la deriva, boca abajo, sostenido apenas por la flotabilidad residual de su traje destrozado. A su alrededor, el agua hervía en una negrura absoluta. Los tentáculos de puro vacío azotaban el aire de forma ciega, como los espasmos de un animal herido de muerte.
No había rastro de Inko Midoriya. El océano se la había tragado por completo.
—¡Midoriya-shonen! —intentó gritar David, pero el rugido del viento devoró su voz.
De pronto, uno de los tentáculos oscuros se alzó, vibrando con una intención asesina sorda. Iba a caer directamente sobre la lancha. Melissa cerró los ojos, esperando el impacto final.
Pero el golpe nunca llegó.
Con un gemido de dolor ahogado que brotó de la misma garganta de Izuku; comenzó a retorcerse, tal vez por dolor, pero el ambiente se relajó aunque sea un poco.
—... Ka-san...
David miró a su alrededor, en busca de la madre, sin embargo, no aparecía. Melissa entendiendo el resultado y la razón de este momento, solo pudo llevar sus manos para tapar un jadeo de su boca. David colocó un pie en el borde de la lancha listo para saltar al mar.
ESTÁS LEYENDO
El Caballero Blanco
Hayran KurguPure Vessel al morir de alguna forma llega a Bnha en el cuerpo de Izuku. En otras palabras Izuku con los poderes de Pure Vessel
