capítulo 24

13.9K 775 118
                                        


Estoy enojada con Will, ¿pero que se cree para decir eso?

—No vuelvas hacer eso, no vuelvas a prohibirme nada de mi gusto, si tú no estás dispuesto a aceptar mis gustos como yo lo hago contigo, pues lo siento por ti, porque no pienso hacerlo a un lado para complacerte —aclaro con mis ojos aguados, él abre su boca, quizás no se esperaba mi reacción, pero ahora comprendo que dándome a respetar lo tendré entre las palmas de mis manos. Siempre fallé en soportar sus humillaciones, sus celos y todos sus males, ahora estoy decidida hacerme valer y todo se lo agradezco a Andrew.

—Mientras la sigas tratando  mal, la vas a perder y ahí lo lamentarás —exclama Sarah mientras carga a peludito.

—Ay por favor Sarah, mejor ni te metas en esto, ella jamás terminará conmigo, yo tampoco con ella, nosotros nos amamos y eso no cabe en tu pequeño cerebro —la insulta, respiro profundo y miro a Andrew, él solo tiene su mirada al suelo.

—Ya basta los dos, mejor me iré a mi cuarto y así siguen discutiendo en mi ausencia.

Camino hasta mi cuarto y William me sigue.

—Lo siento amor, por favor no te enojes conmigo, sabes que te amo y que no quiero lastimarte —suplica atrayéndome hacia él, me tiene sostenida por la cintura y siento su respiración en mi cuello.

—Ya para William, estoy enojada, te has comportado como un idiota —reprocho quitando sus manos de mi cintura y camino hasta mi cama.

—Ya, perdón, no volverá a suceder, yo te amo nena, extraño tus besos,  todo de ti —me susurra acercándose y sin esperar respuesta me besa.

No negaré que yo extrañaba sus besos, pero no me siento tan llena como cuando Andrew me besa, ¿por qué? Yo estoy segura que amo a Will, pero, ¿por qué me cuesta entregarme?

—Déjame amarte, déjame hacerte el amor —susurra y besa mi cuello, miro hacía arriba, no puedo hacer esto, no puedo, es que me remuerde la conciencia, es difícil poder entregarme a él y menos sabiendo que Andrew esta aquí, justo en mi casa.

¿Qué hago? Necesito una excusa para no hacer esto.

—No amor, no podemos hacerlo, es que... Oh Dios, es que tengo el periodo.

¿Qué mierda dije? ¿Como de todas las excusas miento de esta manera?, William me mira confundido y se aparta de mí.

—¿En serio? Creo que me estás mintiendo, ¿no quieres hacer nada conmigo? ¿Ya no me amas? —pregunta enojado, ¿ahora qué hago?

—Por Dios, William, me duele que no me creas, yo no te miento, acaso quiere ver mi braga y asi lo compruebas —le dije molesta, me paro de la cama y él  hace lo mismo.

—Si, quiero verla.

He quedado como una pendeja. Abro mi boca en cuanto lo dice, mierda, se me caerá mi teatro. Dios mío, ayúdame. Natalia si tu puedes ayudarme, hazlo.

—¿Por qué te quedas callada? Me mentiste, ¿cierto? —cuestiona más molesto  y respiro profundo, camino hasta el baño, al instante siento un dolor en mi pelvis, ¿que rayo sucede? ¿Me habrá llegado?,  pero si solo falta una semana para que me llegue, o quizás Natalia me ha escuchado.

—Anda, muéstrame, estoy esperando —me exige, lo miro molesta, estoy segura de que me bajó.

—Me duele que no me creas, pero ahora cuando lo veas espero que te traumes de por vida.

Dicho eso me subo el vestido y él se cruza de brazos.

—Hazlo, aún no me convenzo.

Y entró en plan dramático dejando caer algunas gotas de lágrimas, ojalá tener esto, porque si no es así, William me odiará. Finalmente me bajo la braga y quedo boquiabierta.

El amigo de mi novio Donde viven las historias. Descúbrelo ahora