noventa y dos.

2K 251 165
                                        

A Dan le intimidaba el papá de Elijah, lo había aprobado y todo pero la mirada que tenía en la zona del cuello de su bebé era realmente abrasadora.

“Dan” lo jaló el pequeño de la camisa. “Dan, Dan, Dan...” lo volvió a jalar, haciendo un puchero al ver la atención de su novio en su padre. “Dan, mi regalo...”

Dan sacudió su cabeza y apartó la vista del hombre mayor que lo veía sentado en el sofá con el periódico levantado, la madre de Elijah los veía con cariño pero no se atrevía a mirar a Dan por los ojos. Bueno, a decir verdad, si fuera padre seguramente no se sentiría muy cómodo estando con el chico que jodió a tu hijo y que además no lo escondió realmente (Dan había molestado a Elijah cuando se iban al baño y entonces Hannah los había visto, semi-desnudos y besándose como un par de adolescentes enamorados).

“Oh, claro, ojitos” musitó, besando la cabeza del pequeño y acariciando el anillo en su dedo. Elijah se sonrojó, besando la mejilla de Dan al notar su mirada en la pieza de oro blanco. “Pero desayuna, bebé o...” bajó el tono de voz. “Cuando te vuelva a comer, no sabrás delicioso...”

Elijah le pegó un codazo, enrojeciendo ante la indirecta de Dan de volver a hacer eso y se calló al ver la mirada de su padre en ellos por lo que simplemente tomó la mano de Dan mientas terminaba su desayuno.

Cuando Elijah terminó, Dan se despidió con un beso de mejilla de Hannah, disculpándose una vez más por lo sucedido en la mañana, luego fue a besarle la cabecita a Bailey y finalmente se despidió de Jadwin, dándole un abrazo y una sonrisa a las cuales era irresistible sonreír también aunque fueras el ser más amargado de la Tierra.

Una vez que salieron de la casa de los padres de Elijah, el menor abrazó a Dan y lo besó en los labios, musitándole cuanto lo amaba. El rubio le correspondió con un beso en su frente y tomó su mano mientras se encaminaban para irse en la camioneta del padre de Dan (o sea técnicamente  la camioneta de Dan) y cuando se subieron y se encaminaron al departamento de Dan, el mayor se mordía el labio, nervioso e impaciente ante la atenta mirada del curioso castaño.

Cuando se estacionaron, Dan le pasó una venda para los ojos al ojiazul, quien arqueó la ceja pero obedeció y después estaban ya ambos encaminándose al departamento del mayor entre risas y toqueteos que terminaron en nada cuando Dan abrió la puerta de su casita e hizo avanzar al menor dentro y más dentro.

“Esta iba a ser la manera en la que te pedía ser mi esposo, bebé pero entonces al ser tan idiota, el restaurante me hizo el favor de regresarlo. Tu mami me ayudó, ella es una buena persona y la aprecio mucho por eso, pero estamos aquí por ti, ¿vale?” Elijah podía sentir la sonrisa de Dan contra su cuello y su suave respiración.

Un maullido, un maullido que Dan trató de ocultar al hacer un “sssh” no tan disimulado y entonces se rio, desatando la venda de los ojos del menor y dejando que sus ojos vieran la pequeña casa en la que había pasado mucho tiempo construyendo.

Los ojos del menor se llenaron de lágrimas mientras observaba la casa que parecía de muñecos, y que en efectivo lo era porque había dos muñequitos de cerámica que eran definitivamente parecidos a Dan y a él. Joder, una casa de muñecas, una casa de la que alguna vez le había comentado vagamente, Dan la había dibujado y la había llevado a cabo de una forma tan linda.

“Con todo y gatitos...” musitó el mayor, acariciando a Winah, quien se había trepado a sus brazos. Elijah recogió a Eli del pequeño jardín que Dan había logrado hacer dentro de la casa de muñecas y lo besó en la naricita.

“Esto es hermoso, Dan” afirmó, viendo como Eli y Winah jugueteaban entre ellos y se revolcaban entre sus brazos.

“Aquí iba el anillo” musitó el mayor con tristeza, oprimiendo un botoncito en la entrada de ‘bienvenidos’ para que saliera una caja de terciopelo de un color azul. “Es nuestra futura casa, con la posibilidad de moverse a cualquier lado, a donde quieras, cuando quieras. Es tuya de parte mía...”

“Te amo” soltó, dejando a Eli en el suelo y colocó una mano en los ojos de Winah, quien maulló cuando los labios de Elijah se prendieron a los de Dan en un beso hambriento.

El mayor lo tomó de la cintura, deleitándose con los labios finos de su niño, apretando a la gata a su pecho y reclamándolo con sus mordidas aunque no había necesidad porque Elijah era suyo, suyo y jodidamente suyo.








Especímenes raros.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora