treinta y ocho.

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A Dan le gustaban los gatos.

Ya había mencionado que tenía cinco gatitos pero esta vez estaba mimándolos al lado de su gatito mayor y veía preocupado a su gata más vieja que estaba embarazada e iba a dar a luz a pequeños gatitos que Dan sabía que su padre no le gustaría tenerlos en casa. Elijah veía con indecisión a la gata y fue al baño a hacer una llamada mientras Dan seguía dándole mimos a la gata, quien le maullaba con entusiasmo a su dueño.

“Dan” dijo, mordiéndose los labios y abrazando al sujeto por detrás. “¿Puedo quedarme a dos de tus gatitos bebés? A mamá le parece bien la idea porque dice que entonces seré más responsable y todo eso, entonces... ¿si?” Dan llevó sus manos hacia atrás y rodeó la espalda del menor, acurrucándose en el espacio entre el hombro y el cuello.

“Sí. Dile gracias a tu mami, luego los entrenaré yo para que no te causen muchos problemas, ¿vale? Gracias Eli, te quiero mucho” besó sus labios repetidas veces y se giró, plantándole un beso húmedo en los labios.

Entonces en Año Nuevo, la gatita parió entre los pirotécnicos y Elijah no pudo más que sonreír cuando Dan ayudó en el parto y veía con felicidad a los pequeños gatitos bebés que salieron de Lana (la gata) y les picaba la pancita y murmuraba cosas sobre querer que abran los ojos los gatitos. Lana había tenido cuatro gatitos, uno de ellos tenía la cabecita cafecita tal como el pelo de Elijah y tenía una naricita pequeña, por lo que Dan sonrió, mimando al gatito pequeño entre sus brazos y decidiendo un nombre.

“Hola, Eli. Que bonito día para venir al mundo, ¿no lo crees, esponjosito? Esa gatita es tu mami pero yo soy tu papi y este lindo niño también” dijo señalando a Elijah, quien observaba la escena con una sonrisa enorme. “Ambos somos tus papis y te queremos mucho, ¿serás un buen hijo, bolita de pelos?”

Elijah solo veía a Dan y entonces su corazón realmente quería salirse de su pecho para el momento en el que el mayor pronunció aquellas palabras. Dan estaba sonriendo tiernamente mientras dejaba al gatito y a los otros en una cunita que había comprado anteriormente, abrazó al castaño y lo besó con ternura, colando sus manos bajo la camiseta de Elijah quien no se resistió en lo absoluto a que Dan dejara sus manos vagar por ahí y en cambio, lo atrajo hacia sus labios y todo desapareció, inclusive el bullicio fuera de la casa de Dan por el año nuevo.

Ellos se siguieron besando y no se detuvieron hasta que tuvieron un problema mayor que atender.

Especímenes raros.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora