Salí de una pesadilla solo para entrar en otra...
— ¿Qué? —susurro, aunque he escuchado perfectamente lo que Kian dijo.
—Lo siento... —murmura y sus ojos se cristalizan.
Niego con la cabeza repetidas veces mientras me paso las manos por el rostro.
—No no, ella estaba bien, las quimios iban bien. Ella está bien... solo... Maldita sea. —La impotencia llena mi pecho y la tristeza me aborda como una torrencial cascada. Me recuesto contra Kian, buscando reconforte en él.
—Iré mañana al hospital —murmura contra mi cuello.
—Iré contigo. —Me incorporo y lo miro directamente a los ojos.
Kian niega con la cabeza.
—No puedes —habla, y antes de que yo pueda replicar, continua—, mañana son los exámenes trimestrales, cuestan el 65% de la calificación final. No puedes perderlos y no podemos darnos el lujo de perder tu media beca, porque, Erin, no tenemos dinero para costearte la universidad.
—Pero, ¿y tú? ¿No harás los exámenes?
—Los hice hace dos semanas, el entrenador habló con la directora y a los del equipo nos adelantaron los exámenes para poder entrenar para las finales.
Frunzo el ceño y mis labios se aprietan entre sí, formando una línea recta en mi rostro.
—Puedes ir el próximo fin de semana, Erin. Mamá está bien, ella solo... —parece pensar sus palabras—, tuvo una recaída, eso es todo. Te mantendré al tanto de la situación, ¿okey?
—Okey —contesto a regañadientes. Sé que Kian tiene razón, así que intento calmarme lo más que puedo.
—Perdón por no ir a recogerte al trabajo, pero ya sabes, Nana llamó y... bueno. ¿Quién te trajo? —preguntó cambiando el tema.
Por un instante la idea de contarle todo lo que sucedió atraviesa mi mente, pero el pensamiento es tan fugaz que desecho la idea casi enseguida. Le contaré lo que sucedió, pero no ahora.
—Me trajo Hank —respondo con simpleza y luego me levanto del sofá. —Iré a dormir, estoy agotada —y no mentía, me encontraba total y completamente agotada, tanto física como mentalmente.
—De acuerdo —murmura Kian y se levanta. Deposita un suave beso en la cúspide de mi frente y me revuelve el cabello. —Buenas noches, fea.
—Buenas noches, idiota —me despido y subo las escaleras.
Cuando me encuentro en mi habitación, me dejo caer en mi cama y suspiro con pesadez. Antes de ir a dormir, le marco a Hank y le informo que estoy bien. Pude tonar en su tono de voz que se sentía culpable por haberme dejado sola, pero le hago saber que él no tiene la culpa de nada. Nos despedimos con un "nos vemos" y cortamos la llamada. No me molesto siquiera en quitarme la ropa con que ando, solo aparto el edredón y me cuelo debajo de la tibia tela y dejo que un sueño intranquilo me invada mientras me dejo caer en los brazos de Morfeo y me adentro en el mundo de la semiinconsciencia.
***
Está oscuro y llueve a torrenciales, siento el frío suelo debajo de mis pies descalzos. Intento ubicarme, pero no sé donde estoy. A mí alrededor se encuentra una arboleda, rodeándome. Mis dientes castañean del frío y mi ropa se pega a mi cuerpo. Intento moverme, pero no puedo; es como si mis pies estuvieran clavados al suelo. Grito pero de mi boca no sale ni un sonido. Mi corazón empieza a latir con rapidez y el miedo me invade. Mi respiración se atasca en mi garganta y la desesperación se derrama en mis venas. Miro una luz y la sombra de una figura. Tono un destello de color azul en la lejanía y el reconocimiento choca contra mi mente. Deuce. Abro mi boca para decir su nombre, pero, nuevamente, no sale nada.
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Deuce
ActieÉl no es como los típicos «chicos malos» que la mayoría de las historias describen. Él no tiene una motocicleta Harley Davidson, no, el tiene un Audi r8 color gris con las ventanas polarizadas y blindadas. Él no guarda cajetillas de cigarros Marlbor...
