Ay, que desgracia. Ay, que desaventurada y afortunada noche.
Por tus ojos, prefiero las noches en las que corro sin sentido y asustada, despertando con sudor frío empapando la frente y un estremecimiento recorriendo la piel como un fantasma del sueño que se va.
Pero que dicha y que dolor.
Que contradictorio.
La mente intenta compensarme esos malos sueños, esas pesadillas, con tu voz, con tus ojos, tus manos y tu risa oscura.
Y sí, despierto con la sonrisa en los labios, atesorando tu falso recuerdo, siendo tan egoísta como para contarlo.
Me lo quedo, para mi solita. Porque no te comparto, aunque no te tenga.
Me has besado, con labios suaves y cosquillas de parte de la barba que te dejas, porque me gusta y te gusta.
El escenario cambió tres veces, el mar, la lluvia y la Luna; pero me consumías en un beso eterno, me consumías dejando un dolor sordo por cada toque.
Tus manos en mi espalda, muslos y cara.
En mi maldito sueño te he preguntado sí querías perderte conmigo, media hora, un poquito de tu vida y una sonrisa tocó tus ojos, subiste las manos para tocar mi cara, bajando hasta mi cuello y susurraste contra mis labios: Contigo a donde sea y cuando sea.
El sueño me trajo recuerdos, oleadas de ellos; me ahogan, amor.
Y he pensado mucho, pero nada me convence, así que sólo quiero decirte algo: Ni te vayas, ni te quedes.
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Donde los Escritores van.
Romance¿Para quién escribimos los que no sabemos a dónde ir? ¿Nos leen? ¿Qué pasa sí nunca lo hacen? A veces hay que tener miedo. Pero, ¿a quién le escribo si no es a mí? Foto por Ana Gabriela Zárate Rábago. Instagram: @anagabriela_zr
