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Día 685.

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Ahora que conozco tu voz, es lo único que hay en mis sueños.

Ya no hay imágenes y colores brillantes.

Sólo tu cara, tu sonrisa y tu voz.

Pero hoy, justo hoy, el día 658 desde que te he visto por primera vez, he soñado contigo.

Con nosotros.

Estábamos juntos en una nublada noche de miércoles.

Con mi sudadera enorme y calcetines negros.

Tus ojos de sueño y labios rosas contra mi cara.

Tu suave respiración en mi cuello, jugando con mi cabello y tus brazos atrapándome en tu cuerpo.

Haciendo nada, sintiendo todo.

Estuvimos así por unas horas que tal vez eran minutos.

Fue un momento eterno.

Con el calor de tu piel color atardecer, tu perfecta sonrisa, los rizos por cabello.

Has reído por un comentario tonto que hice.

Creo que tu risa genuina ha sido lo que más me ha gustado, lo que me hizo disfrutar del falso momento.

Ahora me encuentro aquí, con el cielo azul sobre mi cabeza, el viento despeinado mis cabellos sueltos y enfriándome la piel desnuda de los muslos.

Hoy no he tenido la valentía de pensarte a solas y he traído un libro conmigo, a mi fiel compañera y un par de cigarros.

¿Cómo es qué un pensamiento de ti se puede sentir tan real?

Así como sí estuvieses aquí.

Como sí el sueño fuese real y sólo estuviera esperando verte llegar y sacarme de mis ensimismados ratos.

Que vinieses a decirme lo que ves en las nubes y en las sombras de mis ojos.

A contar las pecas que se unen con mis ojeras y sonreír cuando el rojo se expandiéra por mis mejillas.

A ver los árboles crecer y a las aves volar, a las abejas zumbar y a ti.

Porque tal vez no sea capaz de observar nada más sí te encontrases aquí.

Erizándome la piel, jugando con mi respiración y los latidos desbocados de mi corazón.

A confundir el rugir de un avión con tu estómago y reír hasta llorar.

Contigo tal vez podría ser quien soy.

Romántica y fatalista. Con ratos de loca cordura, un montón de estupideces por decir y depresiones pasajeras.

Quizá sea mucho para soportar.

Pero te pido que, sí llegas, no te vayas y te quedes a ver y sentir lo que jamás ha visto nadie, a escuchar las palabras temerosas que nunca he pronunciado.

Por ti, me quito el miedo y lo escondo en un cajón.

Para disfrutarte y pasar mil inviernos juntos, más juntos de lo que podríamos estar en primavera.

Te pediré tiempo.

De ése que es contigo, un agosto y once meses más, lunas rojas y lluvias de estrellas, días nublados y lluviosos, días en los que no quieres ni salir de la cama.

Con tus llamadas en mi registro, mis cartas en tu buró y mil fotografías.

Donde los Escritores van.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora