Junio y sus cálidas noches con aire que te empapa la piel.
Suelos húmedos, lunas llenas y grillos haciendo los momentos dramáticos.
Pero no, no fuiste en junio, ni en los calurosos meses siguientes.
Fuiste en octubre, en donde la temperatura no encuentra regularse.
Noches frías, otras ardientes y a veces heladas.
Me quieres.
Con todo tu ego, porque, ¿de qué nos sirve amar con un órgano tan pequeño como el corazón sí tenemos el ego del tamaño del mundo?
Sucediste así: como quien no quiere la cosa.
Te escribí con las ganas robadas de un alcohólico, con las que ve a la siguiente botella.
Te escribí, te describí y te hice mío entre letras.
Acariciando tu piel atardecer, enredando tus cabellos en un lápiz.
Pinté tus ojos de noche y puse sentimiento en ellos de manera permanente.
Para perderme en tu mirada, para estremecerme bajo las sombras de tus largas pestañas.
El contorno de tu sonrisa apareció frente a mis ojos, tus cejas y tu respingada nariz.
¡Creí que había tomado la locura con ambas manos!
Tu delgado y alto cuerpo comenzó a dibujarse ante mi nariz.
Mis labios temblaban al mirar tu torcida sonrisa.
El corazón parecía querer salir de mi pecho y abrazar al tuyo para poder latir.
Y fuiste así, en octubre y tres cajetillas de cigarro.
Con ojeras y tormentas de nieve.
Tu presencia logró calmar mi alma, apaciguar mis demonios y hacer temblar la tierra bajo mis dedos.
Cambiando mi vista panorámica de la vida.
Poniendo más colores al arco iris y horas al día para pensarte.
Para mantenerme con vida.
×××××
Ya son 1k, ¡eso me emociona los días!
Muchas, muchas gracias.
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Hasta siempre...
- martestrece
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Donde los Escritores van.
Romantik¿Para quién escribimos los que no sabemos a dónde ir? ¿Nos leen? ¿Qué pasa sí nunca lo hacen? A veces hay que tener miedo. Pero, ¿a quién le escribo si no es a mí? Foto por Ana Gabriela Zárate Rábago. Instagram: @anagabriela_zr
