¿Te he dicho qué me gustas?
¿Te he dicho los "porque"?
¡Y es que podría hacerte una lista infinita!
Mayor al número de tus lunares, pecas y la mancha irregular en tu espalda juntas.
No sé como decirte que me encantas, las palabras se enredan en la lengua y la coherencia se va de paseo.
Empecemos por el principio, o por el final y hagamos como sí la lluvia mojase antes de caer, sí la lava enterrara ciudades años antes de la erupción, incoherencias:
Tus calcetas y calzones; descordinados, impares, aunque le mientas a tu madre y los uses así, por placer, por variar, porque sí.
Tus anécdotas y sueños; perdidos en cualquier nebulosa, en una cuna de estrellas, vagando entre asteroides para regresar a Tierra y preguntarme con el ceño fruncido «¿qué te estaba contando? »
Tus playlist, libros, películas y té; para contarme, con voz fastidiada y ademanes exagerados, que «¡ha sido una película basura! ¿A quién se le ocurre? ¡No era ni creíble!». Contarme de la lluvia que caía contigo al morir tu personaje favorito y tu madre ha vuelto a decir «¿estás llorando de nuevo?», y yo te entiendo, aún cuando no lo hago.
La luz, el Sol, el destello, tus ojos; la manera en que tu cara se contrae al reír, la inclinación de tu cabeza cuando me miras: no es lo mismo derecha que izquierda.
Las nubes, inviernos fríos, lluvia, lluvia, relámpagos, tus manos; los dibujos que trazas en mi espalda y nervios.
Tus uñas, mis besos, piel, termodinámica; ¿me estoy desviando del tema?
Contemos de nuevo, empecemos una lista nueva; puntos y experiencias diversas, recuerdos, fantasías, palabras.
Besos de despedida, sonrisas contra la piel, huracán, luz, tremendas carcajadas nocturnas.
Tus brazos, labios provocándome a pecar, piel Luna, piel seda, piel mía; despertar y ver la vida enredada en mi abrazo, los ojos de sueño y quejidos de gato.
Los shorts que tanto te gustan y tanto adoro, tus calcetas a rayas y esa sudadera que no entiendo porque sigue entre tu ropa.
La curva en la que siempre muero, los videojuegos que te rehusas a jugar, el café, tu música rara y como odias que te lo diga.
Los piropos que sueltas cada que me vez salir de la regadera y la burbujeante risa que le sigue, una sonrisa torcida y un beso de soplo para regresar a meter la nariz entre las páginas de un libro. Y aún así no aceptas que eres una ratita de biblioteca.
Me fascinas hasta la médula, con las ondas en cola, con las ondas al viento, con las ondas cosquilleando la piel.
Tú y una nueva razón que agregar a la lista:
Tu ego y como lo dejas bajo la cama para acercarte y besar mi rostro.
Tus dedos y la manía de trazar líneas y enterrarse en mis cabellos.
La mirada dura que me ofreces cuando sabes que sé que está mal y el brillo que esconde detrás.
Tus duchas de cuatro canciones, y es importante esto: la primera es perfecta para llenarte la cabeza de shampoo, en la segunda cantas a todo pulmón, la tercera realmente no es relevante y en la cuarta das tal espectáculo que hasta el gel de ducha aplaude.
La frase que me dices antes de soñar: «Contigo siempre estoy en el océano».
Te amo por todo.
Por las veces en las que no quieres escucharme.
Por las veces en las que no puedes evitar hacerlo.
Por los días en los que no te veo ni la sombra y por los días en donde yo soy tu sombra.
Por tus chistes malos, por la manera en la que ríes de los míos.
Por la manera en que lloras, gritas, enojas y suplicas; por la manera en la que eres humana.
Por tu desorden, desaliñeo, rebeldía y distancia emocional.
Por la manera en que el corazón se hincha al cruzar miradas.
Porque siento que tengo la vida en un puño cuando estás.
Porque todo esto te abruma y no sabes a donde correr, no sabes que hacer y entre pestañas mojadas me dices «te amo con todas mis células, con todas mis ganas, con la Luna y el Sol; te amo y es lo único que, en mi vida, no es ocasional. Te amo jodida, loca, irrevocable, aturdida e infinitamente.»
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Mucho amor, mucho dulce, mucho de todo en ese campo semántico; lo sé.
Denme mucho amor y besos amargos, muchas gracias:
martestrece♥
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Donde los Escritores van.
Romance¿Para quién escribimos los que no sabemos a dónde ir? ¿Nos leen? ¿Qué pasa sí nunca lo hacen? A veces hay que tener miedo. Pero, ¿a quién le escribo si no es a mí? Foto por Ana Gabriela Zárate Rábago. Instagram: @anagabriela_zr
