Primer día.
Universidad.
Nervios.
¡JESÚS!
Las palabras se repetían constantemente en su cabeza mientras se alistaba para salir.
No era un chico nervioso, que va.
No debía mostrar los sentimientos que llegará a sentir.
No después de ella...
Era la primera de la que se enamoraba.
La primera por la que daba todo y se había esfumado en un tronar de dedos.
La edad y la madurez crearon un abismo que cada día los separaba más.
Un rato menos.
Un beso que se quedo en las ganas.
El abrazo que esperaba darle al verla llegar.
Se habían ido todo, todo menos los recuerdos.
Se llevó todo lo que le pertenecía, menos a él.
Nueva vida.
Se susurró mientras estacionaba el auto frente al edificio.
Cruzó miradas con un par de chicas.
Uhm... Nada mal.
Al menos ésa parte de él seguía con vida.
Las caderas y el cabello de una chica llamaron su atención.
El fuego de su cabello contrastaba perfectamente contra su blanca piel.
Cuando ella volteó, se percató que no sólo su cuerpo era bonito.
El negro armazón que le enmarcaba los ojos oscuros y los labios rojos, el ceño fruncido y las mejillas coloreadas le quitaban todo el aire de inocencia que él buscaba en la gente.
Una persona inocente no le rompería el corazón.
Un chico se le acercó, ella parecía no notarlo, se excusó y se alejó de su vista contoneando las caderas.
××××××××
Vaya sorpresa que fue al verla en su clase, pero aquella sorpresa se volvió pequeña, insignificante, en comparación a la que sintió cuando su apellido retumbó en las paredes del aula y su mano, con las uñas coloreadas de rojo, se alzó.
No podía ser ella...
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Donde los Escritores van.
Romance¿Para quién escribimos los que no sabemos a dónde ir? ¿Nos leen? ¿Qué pasa sí nunca lo hacen? A veces hay que tener miedo. Pero, ¿a quién le escribo si no es a mí? Foto por Ana Gabriela Zárate Rábago. Instagram: @anagabriela_zr
