A la mitad de la noche,
cuando los árboles susurran cuentos interminables,
justo en el momento en que los cantantes ruiseñores detienen su alegre melodía.
En un mar de lágrimas.
En un sollozo apagado en el hueco purulento, ahí, dónde está el corazón.
Con la visión nublada, cansada de luchar contra corriente.
Sabiendo una verdad dolorosa,
negando tu identidad.
Tormentoso suplicio, amargos recuerdos.
Con el sentimiento de vacío llenando los pulmones,
el dolor en una botella roja.
En el mar de la incertidumbre, en donde tus peores miedos se hacen realidad, tu mente se suelta del amarre de la luna blanca sobre el oscuro cielo estrellado.
Y flotas...
Y quieres escapar...
Pero a cada brazada que das, en cada intento de moverte, las manos de tu autoestima, ésa, que yace en el agujero más profundo de éste inmenso mar; se aferran a tus tobillos jalando, dejando moretones de ansiedad en la blanquecina piel.
Ella misma intenta salir y la única manera de estar a flote es usarte de plataforma.
Va a hundirte, lo has visto en su defigurado rostro lleno de cicatrices blancas.
Dejad de luchar como sí tuvieseis alguna oportunidad de ganar.
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Donde los Escritores van.
Romantik¿Para quién escribimos los que no sabemos a dónde ir? ¿Nos leen? ¿Qué pasa sí nunca lo hacen? A veces hay que tener miedo. Pero, ¿a quién le escribo si no es a mí? Foto por Ana Gabriela Zárate Rábago. Instagram: @anagabriela_zr
