Escribo.
Un poco y para mí. Un tanto más para ellos, los que me miran mal.
Siete tazas de té y fumo ocho cigarros diarios. Tres páginas y noventa y nueve lágrimas.
Debo conseguir otro lugar, uno dónde no me observen y susurren. Apunten y se alejen.
Y es que me encanta éste lugar, el viento sopla pero no silba. La lluvia cae pero no moja. Y el sol nunca sale. No hay brisa del mar ni colores brillantes.
El mismo chico cansado y sus ojeras. La voz rota y sus marcas de acné. Ojos tristes y pestañas largas.
Las arrugas de siempre de la señora de a veces.
Y yo.
Mis lágrimas y tus sonrisas.
ESTÁS LEYENDO
Donde los Escritores van.
Romansa¿Para quién escribimos los que no sabemos a dónde ir? ¿Nos leen? ¿Qué pasa sí nunca lo hacen? A veces hay que tener miedo. Pero, ¿a quién le escribo si no es a mí? Foto por Ana Gabriela Zárate Rábago. Instagram: @anagabriela_zr
