Ya era sábado por la mañana y habíamos desayunado.
Me encontraba en mi habitación, ordenando los últimos detalles para que se viera ordenado. Comencé a colgar mis prendas de vestir en mi armario. Era bastante básica la verdad.
Consistía en, un par de Jeans clásicos, camisetas, blusas, poleras, abrigos, un par de jersey de lana y chaquetas, además de la ropa interior, claro.
Mamá siempre nos llevaba de compras, pero era All quien siempre salía con bolsas llenas de atuendos nuevos. Yo simplemente, si no veía algo que realmente quisiera y me gustara, no lo compraba. En cambio a All le encantaba todo lo que veía, mamá o yo se lo comprábamos. Mi intención era que Allie fuese feliz, que jamás le faltase nada.
Luego seguí con los cuadros, pinturas, el clásico reloj de pared, y la alfombra negra a los pies de la cama. Había terminado, me senté el final de la cama, quise observar mi habitación terminada. Realmente me gustaba, era espaciosa, y tenía un ventanal enorme, iluminaba toda la habitación, que me permitía ver olas hermosas. El mar frente a mis ojos, la espuma blanca resaltaba por sobre todas las cosas. El horizonte no terminaba jamás si lo mirabas detenidamente como yo lo hacía en ese momento.
- Ya he terminado mis deberes Mo. -Escuché a la pequeña llegar inesperadamente en el cuarto.
- Igual yo, creo. - Le sonreí. Noté como abría su boca, y miraba mi resultado con cara de asombro.
- Wooah, te ha quedado estupendo. –Alabó mi labor.
- De seguro tu habitación ha quedado igual de linda, quiero verla. –Me abrí paso hacia la puerta, le hice señas para que me siguiera.
- Wuau, que bello. –Le dije intentado ser la persona más sorprendida de la vida.
- Sí, no es tan grande como el tuyo, pero ya, vamos a nadar. –Me dijo insistiendo nuevamente con el tema.
-Está bien, ya nos vamos All, ve y prepara tu bolso. –Le ordené a mi hermana.
Eran casi las cinco, mamá se había ido temprano como lo había prometido la noche anterior. Alisté un bolso con las principales cosas; dos toallas, aunque en realidad no pensaba bañarme, un protector solar y dos sándwiches, mi reproductor de música y las llaves de la casa. Ambas traíamos puestas sandalias, además de un vestido, el mío era celeste y llegaba a la punta de mis rodillas. El de Allie era blanco, le llegaba a un poco más abajo de las pantorrillas. Además, traía su sombrero de sol. Se veía plenamente feliz. Así, yo también lo era.
Nos fuimos caminando, nos tomó cerca de cinco minutos llegar. Me encantaba pasar el tiempo con mi hermana. Siempre lograba obtener sonrisas de mi partes, o carcajadas enormes por sus comentarios, All tenía una gran imaginación.
- ¿Cuándo iré a la escuela? –Me preguntó mientras caminábamos por la arena caliente.
- ¿A la escuela? -Pregunté riendo. –All por favor, apenas saliste de vacaciones, tienes que descansar.-
- ¿Ya sabes a qué escuela asistiré el próximo año? –Me consultó un poco inquieta.
-No es tiempo de eso aun pequeña, ¡Mira! conchas de mar –Le apunté con mi dedo índice a la arena un poco más adelante de nosotras.
- ¡Hay que juntarlas! -Dio un grito lleno de emoción, en dirección a buscar dichas conchas.
-Solo las que estén buenas y completas. –Le advertí. Me emocionaba buscar conchas, caminé un poco más al costado, procurándome no alejarme de All, quien hacía lo mismo que yo. Me agaché y comencé a desenterrarlas de la arena casi húmeda.
Fue en ese momento, cuando sentí unos pasos sobre mí, cada vez se oían más fuerte. Hasta que lo sentí. Algo que más adelante cambiaría mi vida.
Caí al suelo de inmediato. Un chico me había golpeado en la zona frontal de mi cuerpo. Algo aturdida por el dolor en mis hombros debido al golpe justo con sus rodillas, levanté mi vista. Un hombre me extendía la mano auxiliando ayuda. Me encontraba sentada, sucia por la húmeda arena que cubría mi cuerpo. Extendí mi brazo y sin mirar sentí una cálida mano sobre la mía, con gran fuerza él me levantó y ya me encontraba de pie frente a él. Rápidamente solté su mano, un escalofrío recorrió mi cuerpo.
-Disculpa, es que no debías de haber estado allí. –Susurró él chico. Lo miré un poco sorprendida, ¿Cómo se atrevía a decir eso si él me había golpeado?
- ¿Disculpa? –Le pregunté sarcásticamente. -Yo no he sido la que no ha visto a quién se encontraba frente a mí. –Terminé mi oración.
-Venía distraído, escuchando música. –Me señaló con su mano unos audífonos en sus orejas.
Me detuve levemente a observarlo. Tenía unos ojos profundos, del color de la miel.
-Te he oído, ten más cuidado. –Le reté molesta, eliminando los restos de arena húmeda de mis piernas por la caída.
- Alguien no se levantó de buen humor hoy. –Habló con un tono de voz odioso, tremendamente odioso para mí en aquel momento. Noté que se abría paso para seguir su camino, pero no lo dejaría irse así nada más, qué se creía.
-Estúpido. –Grité de forma descontrolada, llamando la atención de un par de personas a mí alrededor
Se detuvo, me miró y se limitó a entregarme una sonrisa falsa y descarada.
Siguió su camino al mismo paso del que antes venía.
Estaba furiosa, yo no era así pero el hizo que reaccionara de esa forma. Miré a Allie quien aun se reía de la situación, esperando a que yo también lo hiciera. Pero no lo hice, ese momento lo que menos me causó fue risa.
-Vamos. –Le dije yéndome molesta.
-Apenas llegamos Mo. –Se quejó mi hermana.
-Volveremos otro día Allie. –Decidida continué mi andar.
-Mo, por favor quedémonos un rato. –Su voz era una súplica para mis oídos, pero estaba cegada por la furia que se adentraba en mí cada vez más profundamente.
-Volveremos mañana. –Insistí, la decisión ya estaba tomada.
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Mi Debilidad |Liam Payne|
FanfictionTenían estilos de vida totalmente distintos, eran completamente diferentes. Pero se conectaban de una manera única, incluso, podían llegar a sentir lo mismo sin darse cuenta. Ninguno sabía exactamente que esperaban de ambos, pero estaban seguros de...
