Capítulo dieciocho.

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Tiro de su cintura para atraparla entre mis brazos y besarla con las mismas ganas que ella tiene en este momento. Me desespero por un instante y trato de acaparar todo de ella, pero suelto un suspiro y siento el claxon de un coche en las afueras.

—Pensándolo bien, no quiero que lo hagas—trato de formar un sonrisa, porque sé que lo que estoy diciendo es lo correcto—. No será bueno para ti ni para mí. Mejor solo deja hundirme en esto.

—No seas tan duro contigo—trata de sujetar mi mano pero yo niego con la cabeza para bajar lentamente del tejado y saltar por la ventana.

—Cállate—río y siento las ganas de lanzarme a reír a carcajadas. Era tan jodidamente tierna.

Bajo del ático sin importarme que se quede a husmear, y me encamino a mi habitación, específicamente hacia el tocador. , Me miro el rostro frente al espejo y apoyo mis manos en el cerámico del lavabo. Puedo ver las manchas que mis lágrimas han dejado, también los trazos que las manos de Alba hicieron al momento de limpiarme. Enjuago mi rostro con agua tibia y me quito la ropa para tratar de tomar una ducha. Cojo la toalla y la envuelvo en mi cintura. Salgo de mi habitación para tomar coger otras toallas del tocador del pasillo y veo a Alba con las mismas pintas que yo en el pasillo.

—Ups...—deja caer su toalla y lanzo la vista para ver si nadie ha podido ver esto más que yo. Todos están en el salón de abajo, así que...era el único.

—Muy mal señorita Bale. Debería ir presa por acoso sexual—río.

— ¿Pues qué esperas?

Vuelvo a mirar en todas las direcciones y tiro de su mano para llevarle a mi habitación. Le tiro en la cama y me arrodillo frente a esta para poder mirarla y contemplarla en su momento más puro.

— ¿Vas a mirarme o me vas a follar?—se apoya de ambos codos y mueve su cabeza para menear su cabello.

— ¿Acaso no ibas a ducharte?

—Sí, pero...

— ¿Entonces?—levanto una ceja y estiro mi mano para que se levante—. ¿Cómo crees que me follaría a alguien que se iba duchar?—río.

—Que me vaya a duchar no quiere decir que esté sucia—sonríe y apoya sus manos en mi pecho—. ¿Puedo usar tu ducha?

—No.

—Por favor—susurra y deposita un beso en mis labios.

—Está bien.

Veo a Alba sonreír y verla caminar hasta mi tocador. Sé que si me quedo aquí, y con estás pintas, terminaré por follarla en mi tocador; así que decido colocarme, momentáneamente, un buzo gris y una playera blanca sobre mi cuerpo.
Me recuesto en mi cama y trato de mirar el techo durante el tiempo que Alba demore en la ducha, ya que yo también quiero ducharme, pero no lo puedo hacer si ella está en mi recámara. Sería incómodo si alguien llama a la puerta en busca de mí.
Siento el grito de Alba provenir de mi tocador, así que me levanto de golpe y corro hasta el tocador. Corro la puerta de vidrio que nos separa y la veo en el suelo.

— ¿Estás bien?—pregunto.

—Sí, estoy como nueva—responde sarcásticamente. Sé que fue una pregunta totalmente estúpida de mi parte.

No paraba de quejarse y lanzar pequeño quejidos, así que cierro la llave del agua y me quito la playera para pasársela por el cuerpo y levantarla del suelo. Salgo del tocador con la intensión de recostarla en mi cama pero siento mi puerta abrirse, lo cual me obliga a girar la mirada.

— ¿Quieres past...—se queda a mitad de la pregunta al vernos. Se gira pero yo le detengo.

—Perla, ayúdame por favor.

—Va—vale.

Me ayuda a salir de mi habitación para llevarla a la de ella, ya que su habitación está un poco más alejada y nadie podrá escuchar si es que lanza algún grito.
Sé que estoy por terminar mi carrera de Medicina—aunque falta, técnicamente, mucho— pero no puedo concentrarme en algo para poder ayudarle; así que le pido ayuda a Perla—que es enfermera— para que trate de ver una manera de ayudar a su inquietamente chillido.

—Duele—manifiesta Alba mientras Perla le coge el tobillo. Lanza pequeños quejidos que me sacan de control.

—Lo sé, pero supongo que soportas esto—lo mueve lentamente.

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