Capítulo treinta y dos.

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Narra Harry.

Han pasado cuatro días desde que me contaron una gran verdad. Tres días desde que la chica que ha cambiado todo hasta el momento dijo que me amaba. Y dos días de que ella ya no está.
Cada día que la veo pasar por la Universidad me hundo en la vergüenza y la cobardía de hablarle. No sé qué decirle ya. No puedo hacer nada más por ella. No quería que esto pasara, pero me arriesgué y ella salió perdiendo.

Me gustaba. Sí, lo acepto. Pero confundo sentimientos, sentimientos que en realidad ya no habitan en mí.

— ¿¡Que no puedes qué!? —vocifera, cubriendo su cuerpo con las sábanas—. ¡Por qué no aceptas que sientes algo por mí!

— ¡No siento nada por ti, Alba! ¡Entiéndelo!

Me observa unos segundos y hace que sus lágrimas paren cuando se levanta para vestirse.

—Alba, por favor escúchame—tomo su brazo para que se quede unos segundos más.

Se gira para verme y me lanza una bofetada.

Mi móvil suena, y sé quién es. Era muy importante atender la llamada de Perla y prestarle mucha atención. Su padre era el que llevaba mi caso desde hace un año y, por algo que surgió, tal vez empeoraría mi historial.

—Harry—me saluda—, mi padre me dejó los papeles. Debes venir pronto.

—Vale, voy para allá—corto y salgo de la habitación.

Al girarme para cerrar la puerta no puedo evitar tirar la mirada a la habitación de Alba. Sola. Silenciosa. Se había marchado a casa de su madre y no sabía nada de ella.

Por esto quería que ellos sepan que era mi chica, para que no la aparten de mi lado.

— ¿Saldrá, joven Holt?—me pregunta Federick—. Puedo conducir por usted.

—Gracias Federick, pero no.

Simplemente conducir me irritaba, me estresaba demasiado y no podía concentrarme en solo conducir. Había momentos que cambiaba violentamente de tercera a quinta, pero era porque estaba desconcentrado y no medía la situación.
La bocina del auto de atrás hizo que mis ojos se abrieran de mi sueño de quince segundos y acelere.
'No quiero que te pase nada malo' era lo único que siempre hacia que pueda seguir conduciendo y no quite la vista del volante.
Al llegar a casa de Perla estaciono el auto y soy recibida con un abrazo por parte de ella. Era algo muy extraño que me abrace así de la nada.

—Lamento lo que pasó—me susurra.

— ¿Lamentas qué?—frunzo el ceño sin entender una mierda.

—No puedo revelarte mi fuente pero sé que Alba se fue a casa de su familia.

—Santo cielo—ruedo los ojos ante su impertinencia—. Dame los papeles rápido, por favor.

Entro a su casa y ambos entramos al despacho de su padre. Perla se reclina sobre el escritorio y saca un sobre manila. Me lo tiende a las manos y ambos nos miramos cuando ella lo suelta.

—Esto no puede ser—muevo los ojos de adelante hacia atrás—. ¿Otro juicio más?

—No sé qué hagas con tu vida, ni tampoco es asunto mío; pero una denuncia por paternidad y amenaza de aborto es muy grave.

Lina.

—Sí, no es asunto tuyo—me levanto y paso una mano por mi rostro—.Gracias, veré como lo soluciono—miro el móvil tratando de, por la desesperación, encontrar el número de Ben.

— ¿Y esos rasguños?—veo a Perla y esta me señala con su mirada el brazo.

Alba.

—Comezón—miento mientras trato de teclear con una sola mano sobre la pantalla del móvil.

— ¿También en la espalda?—levanta mi playera y frota sobre mi piel. ¿Cómo es que caminó tan rápido?—. ¿Has regresado con Alba?

— ¡Eso no te interesa! Y nunca estuve con ella—ruedo los ojos—. Gracias y con permiso.

No sé si mandar a matarla por una persona, porque sé que yo mismo no podría hacerlo. Mi padre no puede enterarse de esto. Sería la completa vergüenza para su apellido, muy aparta que lo perdería. La herencia, no puedo perderla. Su confianza.
Marco el número que Ben me ha mandado y Lina contesta a la tercera timbrada.

—Quiero una prueba de paternidad. Sé que ese niño no es mío.

— ¿Por qué? sabes perfectamente que es tuyo.

— ¿Y por qué negarse?

Escucho como reniega.

—Está bien. Te mandaré la dirección de una clínica. Nos vemos.

Corto el móvil e intento marcar el número de Alba. Necesito de ella. Quiero abrazarla. Deseo besarla. Hacerla mía y yo ser de ella.

— ¿Alba?—susurro al escuchar un silencio absoluto—, séque no quieres hablarme pero, necesito verte.

Ella contestaba, pero se quedaba callada sin decir ninguna palabra. Rio al imaginármela escuchando atentamente lo que digo.
El silencio no me gustaba, pero saber que ella está del otro lado me satisfacía.

—Bueno, será la...—miro a la nada para recordar cuantas veces he intentado hablar con ella—, octogésima quinta vez. Te extraño mucho.

La escucho suspirar y es lo único que quiero de momento. Así que corto.

Recibo el mensaje de Lina y me subo al coche para conducir a la dirección.
Al llegar, veo que está sentada en las banquetas del pasillo. Se levanta y me saluda con un hola.
Me informa que ya ha pedido una cita con el médico, y que en unos minutos nos llamarán para hacernos las pruebas. Asiento y me siento en una banqueta, lo más lejos posible de ella.
Luego de unos minutos de esperar a que ella salga, me llaman a mí. Entro y hacen que me recueste en una camilla. Me extraen sangre y salgo.
Salgo nuevamente al pasillo y ahora estoy con un café entre las manos. El médico nos ha mandado a llamar, pero como yo estaba en la cafetería no he podido ir. Lina me ha entregado lo que el médico le ha dicho, ya que podría desconfiar de ella. Y sí que pensó bien.

— ¿Cuatro días?—levanto la vista y ella asiente—. ¿No es mucho tiempo?—reniego y trago saliva.

—Eso dijo el médico.

Termino por aceptar, aunque ya estaba todo decidido, y tomo el valor para hablarle.

—Lina, quita la demanda por favor. Podría denunciarte también si es que me estás denunciando sin fundamentos. No sé si me estés grabando por seguridad en este momento, pero no tienes pruebas de nada.

—No pretendía hacer que mi abogado mande la orden, solo quería que...tomes más en serio esto. Nada más. Mi abogado ya se encargará de todo apenas salgan los resultados. Mientras tanto puedes ir a casa y...

—No me digas lo que tengo que hacer, ¿sí? Ambos sabemos que a las finales uno de los dos va a salir perjudicado. Y sé, siento, que serás tú.

— ¿Y en qué te afectaría un hijo? Tú mismo lo dijiste, tienes todo. Tu vida técnicamente está solucionada hasta que mueras.

—No me conoces, Lina; créeme que no conoces nada de mí ni de vida. Hasta mientras dedícate a conseguir un buen empleo, que yo no seré presa fácil de esto, porque ese bebé no es mío, ¿entendiste?

Lina rueda los ojos y se gira para salir de la clínica. Intento hacer lo mismo pero me acerco al tacho para tirar el descartable de café. Al girarme veo a Alba salir de una habitación y pasar una mano sobre su cara mientras bosteza.

—A...Alba—susurro su nombre pero sé que no me ha escuchado—. Alba—vuelvo a decir un poco más fuerte.

Se gira y me observa. Está sorprendida.

— ¿Me—me seguiste?—tartamudea—, ¿desde qué hora estás aquí?—se acerca a mí y me sonríe.

—Te he extrañado...tanto—ignoro sus preguntas y froto su mejilla para sentir la calidez de esta—. Oh, Alba, ¿me has perdonado ya?

—Pues yo...no lo sé.Siento que sí y...a veces pienso en...lo que pasó y...me doy cuenta que tú noquisiste esto, que todo es mi culpa y que nunca debí fortalecer esto.

Froto su mejilla y la atraigo a mí para besarla.
Sus labios.
Cuando deseaba volver a besarla y tenerla entre mis brazos.
Es más. Necesito todo de ella en este momento.

—Ven conmigo—tiro de su mano y le saco de la clínica. Sé que demoraré mucho másen el auto, así que lo dejo estacionado y Alba parece notar el auto.

— ¿Y tu auto?—me pregunta.

—No hay tiempo para eso—elevo la vista a una edificio lo suficientemente grandecomo para saber que es un hotel.

Pido una suite y paso mi tarjeta para pagar todo los gastos. Me dan la tarjetade la puerta y ambos subimos al ascensor para subir al octavo piso. La beso enla pared del ascensor y no puedo evitar el cargarla y tener todo su cuerpo enmí.
Entramos a la habitación y Alba se queda fascinada con el jacuzzi que estájunto a la ventana. Tomo su mano y hago que me mire. Me sonríe y la beso,recostándola en la cama para hacerla mía.

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