—Oh, querida—se alarma mi madre y no sabe qué hacer con sus manos.
—Estoy bien, no se preocupe—se limpia la playera con las manos y trata de disipar el color de la bebida.
—Claro que no—me acerco a ella y le quito el vaso de la mano para dejarla sobre la mesa de noche—. Vamos por algunos paños—tomo su mano y la guio hasta la cocina.
Ahora que estaba mucho más cerca de su hermano, al parecer, pude dar una vista rápida de su apariencia. Era distinto a Alba. Totalmente. En lo único que coincidían era en el color de ojos. Nada más.
—No sabía que era tu madre—me susurra cuando me ve buscar entre las gavetas de la cocina. No hay nada, no hay ni un maldito paño de cocina. Escucho a mi madre gritar: Hemos hecho las compras y todo está en el auto. En tu habitación hay paños y en el tocador toallas.
—El mundo es tan pequeño—canturreo.
Subimos hasta mi antigua habitación. Bueno, no estaba tan antigua. Mi madre la había usado como un tipo de almacén no tan almacén. Más bien era el lugar donde dejaban las cosas que regalarían a fundaciones o que ya no les interesaba.
Cojo los paños del paquete y me acerco a ella. Intenta quitármelos pero yo comienzo a limpiar sobre su playera.
Me miraba con picardía y se mordía el labio mientras me seguía con la mirada. Trato de no hacer contacto visual con ella, pero cual lo hago, no puedo contener las ganas de besarla aquí mismo y deshacerme de esa mancha con ella en la ducha.
No puedo follarla, no en casa de mi madre.
—Creo que...ya está—elevo la vista a las vigas del techo y le dejo un paquete de paños para que ella continúe.
—Follemos.
— ¿Qué?—frunzo el ceño.
—Que bajemos—me tiende la mano y le da un pequeño apretón.
Mi cabeza me estaba jugando mal. Muy mal.
No puedo evitar el no mirarla, el no explorar su cuerpo y apresarla al mío.
No podía ser más obvio al demostrar que me tiene en la suela de sus zapatos y no, no quiero que se dé cuenta de eso. Nunca.
Porque ni yo mismo sé si esto es en serio.
—Olvidé mi móvil arriba—detiene el paso y me giro para ver que está buscando su móvil en los bolsillos de sus vaqueros.
— ¿Segura?—ella asiente—. Yo iré, tú baja.
—Puedo ir yo. Gracias—sonríe.
—Vale.
Decido esperar, apoyado en la pared, a mitad de las escaleras. Miro el reloj cada diez segundos, y me impaciento al notar que ya han pasado dos minutos. Tiempo TOTALMENTE necesario como para encontrar un celular.
Subo lo que queda de gradas y entro a la habitación. Alba está en el tocador, tirando agua a su playera mientras mira al espejo y también a la mancha. ¿Qué cree que conseguirá con eso?
Miro en todas las direcciones—y no solo en una— y camino hasta donde está. Me quito la playera y, sigilosamente, me apoyo en el marco de la puerta del tocador. Me mira y no duda un segundo en recorrer con su vista mi abdomen.
—Ten—le tiendo mi playera—. Puedes dármela luego.
Sonríe y se quita la playera en mí delante. Se acerca a mi oído y susurra unas gracias acompañado de un beso en mi mejilla.
Tomo su mano sin poder resistirme más y tiro de su cuerpo para besarla.
—Tenme piedad—susurro.
— ¿Por qué? —gime.
—Tienes novio, no puedo hacer esto ahora.
—Depende de ti.
Recorro con una mano su cuerpo y con la otra cierro la puerta. Cargo su cuerpo y deposito mis manos en su trasero, pegándola a la pared para que ella esté más cómoda.
—Ese es mi chico—escucho sus gemidos en mi oído y como presiona sus manos contra mi espalda.
— ¿Alba?—escucho que la llaman—. ¿Estásaquí?
—Mi hermano—me dice, asustada. La bajo y ambos nos quedamos un poco inseguros—. Quédate aquí.
—No—respondo de inmediato. Ni yo sé por qué me negué a decir que no.
—Pe...ahg, está bien—acomoda su cabello una vez más y abre la puerta del tocador.
Su hermano la observa y puedo creer que le sonríe, porque cuando yo salgo, esa sonrisa va disminuyendo y su vista desciende desde mis ojos hasta mi torso.
—Tú debes ser Blumer—estira su mano en señal de saludo.
¿Blumer? ¡Já! Me cagas el día, chiquillo.
Miro a Alba, la cual está reprimiendo una sonrisa en su rostro. ¿Qué es gracioso? Esto no es nada gracioso.
—Holt, Harry Holt—le correspondo y frunce el ceño mientras estrechamos nuestras manos.
—Él no es, Zac—suelta una risa.
— ¿Y qué es tan gracioso, Alba?—su hermano grita levemente y la mira. Eso, ¡eso mismo digo! ¿Qué es tan gracioso?
Desaparezco del lugar y bajo las gradas. Mi madre se queda atónita al mirarme sin playera.
—Harry, ¿qué pasó?—pregunta mi madre.
—Pues que estaba mojada. Tenía que darle algo de vestir, ¿no? Si no iba a pescar un resfriado.
— ¿Mojada?—pregunta Robin acompañado de una risa.
Me acerco al perchero y cojo el abrigo. Al cogerlo, siento el paquete del regalo de Alba. Joder, no quiero subir de nuevo.
Subo, mirando cómo es que su hermano está en una discusión con su hermana.
— ¡Explícame entonces,Alba!
—Disculpa, tal vez podrías darme unos segundos con tu hermana—miro a su hermano y sé que no podré simpatizar nunca con él. Paso por mi costado, furioso, y golpea mi hombro INTENSIONALMENTE. Cuando estamos solos, me acerco a ella y meto la mano a mi bolsillo—. Feliz cumpleaños.
— ¿Es para mí?—sonríe y abre el paquete—. No debiste molest...—veo como rompe el paquete y se queda en silencio—. Oh, Harry—jadea—. ¡Gracias!—se lanza a mis brazos. Sé que ha gritado lo suficiente como para que alguien piense otra cosa.
— ¿Me permites?—tomo el collar y muevo su cabello a un lado para poder colocárselo. Se gira y veo que le da muy bien.
—Es hermoso, ¿cómo te acordaste?
—Las cosas importantes siempre se recuerdan Alba, por más mínimas que sean, si son importante valen—tomo su mejilla y la froto suavemente.
Presiona mi mano contra su mejilla y sonríe conmovida. Le ha gustado, y eso me reconforta bastante.
—No encuentro forma alguna de poderte agradecer todo lo que haces por mí—susurra.
—Sí que lo sabes—río.
Ella niega con la cabeza y me besa. Uno de esos besos que, al apartarse, te dejan sin aliento y con ganas de esas. De esos que sabes que nunca volverás a sentir, porque son tan especiales que solo se dan una vez.
Una de las tantas cosas que la vida pone en mi camino nuevamente es ella, y por alguna razón siento la necesidad de amarla pero por otra digo que no, porque no quiero engañarla fingiendo hacerlo.
—Alba—escucho que la llaman. Odio tanto su voz.
—Más tarde me das eso que traes encima—sonrío y ella asiente—. Permiso—me giro y salgo de la habitación.
Antes que pueda salir, su hermano me coge del brazo y me impide salir.
— ¿Algún problema?—le dirijo la vista.
—No quiero que le veas la cara de estúpida a mi hermana, sé que a veces puede parecerlo, porque es ingenua en temas de enamoramiento, pero es mi hermano y no permito que le tomen por tonta.
—Y tu hermanita—lanzouna mirada a ella—. Es mía—decreto.
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Lovesick
Fiksi RemajaNo pensaba que habría relación alguna entre el dolor y el amor, ni que fuera complemento para la felicidad y mucho menos para poder amar a alguien tanto. ¿Es esto en verdad lo que esperaba de él? ¿Podré soportar no tenerlo junto a mí?
