Capítulo treinta y uno.

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—Hacen la mejor pareja del mundo—sonríe mi madre—. Les deseo lo mejor.

—Sí que lo es—masculla mi hermano entre dientes.

—Nunca me comentaste sobre esto, Alba. Siempre me entero al último—comenta mi madre con cierta molestia y con el ceño ligeramente fruncido.

—No eres la única, madre—sonrío y veo el rostro de Harry. Él está sonriendo como si todo fuera normal—. ¿Nos disculpas, madre? Necesitamos hablar. A solas.

Mi madre asiente y Harry le sonríe mientras nos alejamos de la mesa.

—Bien, ¿ahora me explicas? —tengo los ojos ligeramente expandidos. No sé qué es lo que está pasando, y necesito que alguien me lo explique. Y ese alguien es él.

—Tengo razones suficientes como para alardear mi decisión—me sonríe—, ahora tu madre piensa que salimos, lo cual es bueno ya que, si quiero follar contigo o besarte, no será ninguna molestia.

—Mi madre es muy impulsiva, Harry. Querrá presentarte a toda la familia—le comento—. Créeme que acabas de cagarla haciendo una bromita cuando en realidad no soy nada más que tu objeto sexual.

—Oye—toma mi quijada ante lo que había dicho—, ya hemos hablado sobre esto.

Sus besos siempre eran precisos. Y exquisitos. Me encantaba el poder tener su control tan solo unos segundos, porque cuando se daba cuenta que estaba teniendo problemas en el Hemisferio Sur era cuando se apartaba de mí.

—¿Podemos entrar al tocador? —me sonríe.

—Gilipollas—le doy un codazo y niego con la cabeza—. Vamos, que mi madre empezará a fantasear.

Regresamos a la mesa y veo que Zac está conversando con mi madre. Ambos están un poco ofuscados, pero cuando me siento junto a Harry, mi madre relaja las facciones y forma una sonrisa.

—Debí haber traído a Aida—reniega Zac, cruzado de brazos y con la mayor indignación del mundo.

—Eso te pasa por no hacer caso a tu madre—responde mi madre en una risa.

Harry toma mi mano y tira de esta para que me siente encima de él. Obedezco y coloca sus manos alrededor de mi cintura mientras me da besos en el cuello.
Sé lo que hace. Quiere hacerme sentir incómoda frente a mi madre, pero lo que no sabe es que yo haré algo mucho mejor. Me reclinaba hacia adelante, haciendo que mi trasero se mueva y Harry se agite un poco. Sentí su respiración agitada cuando este tiro de mi vientre hacia atrás para que me acerque a él.

—Estás muy traviesa últimamente—coloca sus manos sobre mis piernas al ver que mi madre está entretenida con la cartilla.

— ¿Cómo?—pregunta mi madre con incredulidad. Al parecer estaba bien atenta a nuestra conversación.

— Que su hija está...alterando mis hormonas—le responde Harry con confianza.

Mi madre me lanza una mirada y ríe. Harry hace lo mismo pero le dice a mi madre que iremos un momento a ver lo magníficos que se ven aquellos peces en el acuario.
Pero no fuimos a ver los peces nadar, sino al tocador.

— ¿Qué tramas?—cierra la puerta y apaga la luz—. ¿Quieres que te folle delante de todos?—coge mi cintura y me atrae a él.

— ¿Y cómo crees que me siento yo?

—Mojada—pasa su dedo pulgar sobre mis labios y levanta la vista para verme—. ¿Me permites?—pone su otra mano en el borde de mi playera.

—No sé cómo decir que no—sonrío y cojo el dedo que tiene sobre mis labios, lo lamo y hago que lo meta en mi boca.

De un momento al otro me estampa contra la pared y me carga. Levanta mi playera y comienza a jugar con mis pechos, haciendo que gima cerca de su oído. Harry traía la boca entre cerrada y podía ver en sus ojos que estaba deseoso, con mucha lujuria y con excitación absoluta.

—Debo controlarme. No creo que sea una buena primera impresión para tu madre—se aleja y tira un poco de agua a su rostro.

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