Capítulo veintidós.

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Sonríe y sube encima de mí. Está sentada, mirándome. Levanto su playera con mis manos, mientras husmeo por encima de su piel. Se estremece. Mis dedos están helados, y puedo escuchar como gime lentamente al sentir su piel erizarse por mi roce. Tira su cabello a un lado y se acerca a mi cuello para besarme. Está en su mejor momento.
Frota su pelvis sobre mi cremallera, dando pequeños círculos mientras juego con la curva de su cintura.
Es mía.

—Hazlo...por favor.

— ¿Por qué no buscas a alguien mejor?—pregunto.

—Porque te quiero.

Una sonrisa, sin que pueda yo hacerla, se forma en mi rostro. Ambos sonreímos. Le cojo de la cintura y la tiro a un lado de la cama, para que yo ahora esté encima de ella. Encorva su espalda y desabrocho el corpiño. Masajeo sus pechos y me es imposible no nublar mi mente con todo de ella.
Es mía.
Esta noche.

—Buen día—susurro al despertar. Tiro la mirada a ella y la luz que emana hace que su cabello esté aún más claro.

—Buen día, Harry.

— ¿Cómo amaneciste?—pregunto.

—Cansada. Ayer acaban de follarme con dureza.

Sonrío y trato de que esas palabras sean nuevas para mí, y no recuerdos del pasado.

— ¿Irás hoy a la Universidad?—pregunto nuevamente.

—Creo que no. Mi hermano vendrá de España—sonríe. Puedo ver que está emocionada. Creo que todos estarían emocionados si ven a sus parientes luego de tanto tiempo.

—Qué bueno—sonrío y tiro las sábanas para levantarme de la cama.

Camino a la ducha y tiro de la perilla para que el agua fría corra por mi cuerpo. Está helada, y mi cuerpo responde con estremecerse y encorvarse lentamente. Cojo el cepillo de dientes y masajeo mis dientes con el dentífrico durante unos cuarenta y cinco segundos.

—Será mejor que vayas a cam...—me quedo en silencio cuando ya no veo que está en mi cama.

Era la primera vez en un año que una mujer dormía en mi habitación. Conmigo.

Hurgo en mi armario para buscar que ponerme y, cuando estoy cambiado, paso por el espejo para revisar un poco mi cabello. Está totalmente grande. Salgo de la habitación y bajo las gradas. Por alguna razón todos me están observando esta mañana. Sé que mi cabello no está en su mejor momento, pero su atención tan repentina me incomoda mucho.

— ¿Pasa algo?—me acerco a la primera persona que veo al terminar de bajar las gradas.

— ¿Enserio quiere que se lo diga?—susurra.

—Claro—frunzo el ceño.

Pero ella se queda callada.

—Federick, ¿puedes decirme qué pasa?—me acerco a la puerta y me cruzo de brazos en su delante.

—Pues, verá. Por la noche...usted, la seño...

Pongo mi mano delante de mí para que se calle.
Ya había entendido.
Ahora me sentía aún más incómodo y avergonzado.

Debí haberle tapado la boca con un bozal. Pero sus gritos eran magníficos.
Leyn. ¿Y ahora qué dirá?

No sé qué hacer; así que camino por casa, mirando fotografías y las flores que Jhon colocó, seguramente, esta mañana en la mesa. Al ver las flores, recuerdo a Alba.
¿Qué debería regalarle por su cumpleaños?

Subo a mi habitación mientras pienso en qué hacer, en cómo organizaré mi día y la manera de salir rápido de la Universidad.

— ¿Saldrás?—me choco con Alba, cambiada, como si estuviera por salir con alguien.

—Sí—responde—. Quedé con...

—Bueno—froto mi ojo sin importarme el con quien saldrá—. ¿Vendrás más tarde?

—Lo veo un poco complicado. Mi herma...

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