Narra la autora.
El día había sido de los más agitados desde que Alba residía en Inglaterra. Desde tener que soportar la necesidad de tener al gran amor de su vida junto a ella, en la cama, hasta soportar el dolor de su tobillo.
La mejor manera para despejarse de esas cosas era, sin duda alguna, dormir. Pero, había algo que no era del todo bueno en cuanto a dormir.
Extraño, ¿verdad?
El punto era que, cuando Alba descansaba, su cuerpo recordaba los sucesos del día y los distorsionaba un poco, de manera que estos recuerdos sean, por alguna razón, magníficos o terroríficos; dependiendo de cuan anheladas sean sus imaginaciones y fantasías.
Aquella noche se acostó con la esperanza que su sueño sea magnífico y súper irreal, ya que se había plasmado en la mente el deseo que Harry la haga feliz durante el resto de sus días. Lo que aquél chico había hecho hace unas horas, por más simple que haya sido, había logrado que Alba se emocione, a tal punto que estaba dispuesta a hacer todo lo que él le pida.
Qué sueño tendré hoy, ¿eh?
Cerró sus ojos y se acomodó lo más que pudo entre sus sábanas. Quería sentirse cómoda, segura y, sobre todo, tranquila que nada ni nadie podrán romper su sueño con el más mínimo ruido o golpe.
—Alba—susurra Harry apoyada en el marco de la puerta de su habitación—. Levántate, por favor. Tienes que acompañarme a dejar unas cosas en casa de mi padre.
—¿La casa de tu padre? —le susurra, tirando las sábanas y caminando con la mayor normalidad del mundo. Bastó para que baje la mirada a su atuendo y, al mirarlo nuevamente, tenía el atuendo perfecto para acompañar a alguien a un lugar desconocido—. ¿Qué acaso no estamos en casa de tu padre?
—¿Qué? —ríe, cruzándose de brazos mientras la examina con delicadeza—. Estamos en TU casa.
Se gira y se da cuenta que tiene razón. Están en su casa, en casa de Alba, en su habitación y con los mismos cuadros que ella misma dibujó en la secundaria.
—Tenemos poco tiempo. Viajar en coche no será fácil. Estoy algo cansado y...son muchas horas en carretera—juego con el manojo de llaves que tiene en su mano—. Y bien, ¿nos vamos?—tira de su mano y la saca por completo de la habitación.
Están en la carretera, con el volumen del radio a tono normal, suficiente comopara que puedan oírse sus palabras sobre la música.
Harry traía el cabello más recortado, y tenía la manía de golpear el timón mientras las canciones se reproducían. Ella, en cambio, se dedicaba a darle pequeños trozos de fruta a la boca, asegurándose que se mantenga despierto y con energía.
—Necesito hacer pipí—manifiesta Alba de repente. Harry la observa y niega con la cabeza mientras ríe, lanza la mirada al espejo retrovisor y presiona el dispositivo para activar la luz de emergencia mientras se estaciona en la carretera de descanso.
—No te demores por favor. Está aún claro pero...pisa con cuidado—sujeta su mano y la besa, alegrando por completo a Alba y haciendo que su rostro se ilumine de felicidad.
Camina hasta encontrar un lugar en el cual bajar sus pantalones y dejar salir lo que tenía retenido. Ella sabía que fue una mala idea el tomar todo el líquido que había en el portavasos del auto, pero tenía suficiente sed como aguante para soportar todo eso.
Se levanta y, por un momento, se olvida de que tiene que regresar al coche, así que camina entre los árboles que estaban en su delante. Eran inmensos. Son estupendos, dice. Cómo me encantaría poder tomarles una fotografía o dibujarlos en un pedazo de tela, sonríe mientras suelta las palabras y acaricia el frondoso árbol de aproximadamente unos trescientos años.
—Me pregunto si podré alcanzar aquellos...nidos—estira su mano pero es inútil, es lo suficientemente alta como para alcanzar a quitar la ropa del cordel, o lo suficientemente baja como para arrastrarse bajo la cama.
Mira las ramas del árbol y, sin pensarlo, ya está sobre una rama.
—Solo un poco máaaaaaaas—estira su mano y al tratar de apoyarse en otra rama se resbala, cayendo sobre su pie y golpeando su tobillo contra una roca del suelo—. ¡Ayy no, mierdaaaa!—grita, tomando su tobillo mientras trata de buscar con la mirada algún lugar donde poder sentarse.
En aquél momento Harry aparece. El coche está a tan solo unos pasos de los arboles pero él ya está a su lado, acomodando sus brazos bajo su cuerpo mientras la levanta sin que le cause dolor alguno en su tobillo.
Le observa y niega con la cabeza mientras ella solo se apoya en su pecho y trata de aguantar el dolor de su tobillo.
—Solo quería una manzana—susurra. Ahora era un manzano.
—No hables, no hables. Entraremos en casa para poder recostarte—Harry le sisea y camina por un camino de piedras que están entrelazadas entre ellas, formando un camino que los conducía a una cabaña—. No pasará nada, solo es una lluvia más—le susurra.
Estira su mirada al cielo y siente como las gotas comienzan a golpearle la cara. Estaban formándose grandes nubes sobre ellos, tan grandes que eran capaces de ocultar el sol y lo cálido que, hasta ese momento, estaba sintiendo.
—Eh, ¿no vas a quedarte conmigo...aquí?—susurra Alba al verle levantarse, luego de encender la chimenea, y caminar hacia la puerta.
—No. Deja de preocuparte por mí, ¿quieres?—bufa y sale dando un portazo, el cual ocasiona que del techo caiga una especie de lluvia diminuta de polvo.
Se acomoda sobre la cama y se mueve un poco. Tenía solo la ropa interior puesta y la playera de Harry sobre su cuerpo. Tenía frio, mucho frio. ¿Qué se suponía que tenía que hacer?, se preguntaba una y otra vez.
Se baja de la cama y se acerca hasta donde está la chimenea, frotando sus brazos mientras trata de conseguir algo de calor.
Decide salir para buscar a Harry. Abre la puerta y le ve sentando en las gradas de madera ya humedecida por la lluvia.
—Harry...—susurra. Él levanta la mirada y se acerca a ella para abrazarle. Estaba mucho más frio que ella, y mojado. La estrecha en sus brazos y comienza a besarle los labios para que el calor interno de sus cuerpos se transmita el uno del otro.
—Quiero tomarte aquí mismo—le susurra él, respirando por la boca al serle mucho más fácil.
—Pues solo pregúntamelo.
—¿Puedo tomarte?—le observa.
—No es necesario que lo preguntes—sonríe y alza su cuerpo para cargarla y entrar ambos a la cabaña.
La recuesta en la cama y le hace el amor cuantas veces sean necesarias para saciar, en ambos, el deseo contenido en sus cuerpos.
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Lovesick
Novela JuvenilNo pensaba que habría relación alguna entre el dolor y el amor, ni que fuera complemento para la felicidad y mucho menos para poder amar a alguien tanto. ¿Es esto en verdad lo que esperaba de él? ¿Podré soportar no tenerlo junto a mí?
