Quiero besar sus labios pero recuerdo la fotografía de una niña en su escritorio. Tal vez es su hija, y por lo tanto está casada, así que me aparto de ella con educación y sonrío para despedirme.
Lo menos que quiero es destruir una familia.
Maldigo el no haberle pedido el número de móvil, pero recuerdo que en su tarjeta había uno: el de su oficina.
Tomo un taxi y regreso a casa para buscar la tarjeta y, en caso de no poder o perderme, llamarla.
Veo a Kaire observarme desde la cocina. Le sonrío pero ella aparta la vista y sigue haciendo lo suyo con los vegetales.
— ¿Pasa algo? —pregunto a medida que me adentro en la cocina.
—Nada, Harry.
—No puede pasar nada como para que me mires con intriga—suelto una risa.
—Es que, todo esto nos resultó extraño, ¿sabe? Su ausencia cambió muchas cosas aquí.
— ¿Cosas como qué? —pregunto. Tal vez ella sepa cosas que de momento yo no recuerdo—. Kaire, puedes hablar conmigo cuando quieras.
—No me es permitido—dice y luego noto que mi prima está entrando por la puerta.
—Hablaremos luego de esto, ¿vale? —ella asiente con dificultad y le sonrío.
Veo que mi prima sube por las escaleras y entra a mi habitación. Le sigo el paso y cierro la puerta para que ella pueda sonreírme y recostarse en la cama.
—Cuéntame.
— ¿Contarte qué? —río mientras hago lo mismo que ella.
—Sé claro en las cosas que dirás, eh. No quiero escuchar todo.
—No te entiendo, Perla. ¿Tendría que contarte algo?
— ¿Tu psicóloga no te dijo algo? —pregunta con el ceño fruncido—, pensé que sería más directa hoy—masculla y no puedo entender lo que dice—. De todos cuando tengas algo que decirme me llamas, ¿vale? Estaré abajo.
— ¿Vives aquí? —pregunto.
—Algo así—sonríe—, ¿te molesta?
Niego con la cabeza mientras sonrío y esta sale.
Me resultaba un poco extraño que Kaire esté con esa actitud. 'No me es permitido' ¿qué va con todo eso? ¿Acaso ella sabe algo que yo no? O es que acaso, ¿me están ocultando algo?
Decido no pensar en ello y veo que en algunas cajas hay libros. No dudo ni unos segundos en agacharme para coger uno entre mis manos. Quito el polvo que hay sobre la tapa gruesa y lo abro, notando que son libros antiguos.
'Permítete conocer lugares fuera de tu orbita. Recuerda que la Tierra es una nada en comparación a los inmensos planetas en otras galaxias. Con cariño para mi hijo Donovan Holt.'
Era un libro antiguo que mi abuelo le había obsequiado a mi padre.
Me paso las siguientes horas leyendo las magníficas escrituras que mi abuelo había escrito sobre las maravillosas cosas que vio a través de su telescopio.
—Harry, ¿vas a almorzar?—escucho que mi prima pregunta antes de llamar a mi puerta. Tiro la mirada al reloj y caigo en la cuenta que es tardísimo.
—Mierda—tiro el libro sobre la cama y camino sobre la moqueta sin saber qué hacer—. Joder, no tengo tiempo.
Son las cuatro con cuarenta minutos y no me he duchado. Estoy totalmente nervioso porque ni siquiera he reservado una mesa para la cena de esta noche. Sí, iba a invitarla a cenar.
— ¡Harry!—grita y recuerdo que me había preguntado algo.
— ¡No tengo hambre, gracias!—grito desde el tocador y cierro la puerta para darme la ducha más rápida del mundo. Si se puede llamar ducha, claro.
Cojo algo de ropa del armario casi vacío y verifico que estén las llaves de casa en mis bolsillos, junto a mi billetera y.... ¿dónde están las llaves del auto? Sé conducir, ¿verdad? Así fue como todo pasó, mientras conducía. ¿Verdad? Joder, esto me está matando.
Me aplico un poco de perfume que tengo en el ropero del tocador y me veo por última vez al espejo. Tengo cinco minutos para llegar.
— ¿Alguien puede darme la llave de algún coche?—pregunta.
—Ten—me tiende un manojo de llaves mi prima mientras bebe de un vaso—. ¿A dónde vas tan mono, eh?
Sonrío y salgo corriendo de casa. Entro a la cochera y activo la alarma para que sepa cuál de los coches es. Me monto y lo primero que hago es colocarme el cinturón de seguridad. Veo si en este auto están mis documentos y sí, felizmente tampoco habían caducado.
Vale.
Acelero y ese se apaga luego de moverse bruscamente. Joder.
—Embrague, acelera y suelta—escucho que Perla me grita. La veo y sonrío, viendo como el auto comienza a salir por la cochera—. ¡Por nada!
Trato de conducir lo mejor que puedo. Era fácil. Lo complicado fue cuando tuve que aparcar el auto.
—Perdóname por llegar tarde. Perdona, se me hizo tarde—hablo conmigo mismo, tratando de así poder practicar el qué decirle—. ¡El tráfico era terrible! ¡Casi tengo un choque!—niego con la cabeza al decir tremenda estupidez—. Sólo le diré que me quedé dormido.
Casi corro mientras llego a su puerta cuando el ascensor se abrió. Llame pero nadie contestó a mi toque. Mierda, ¿en serio llegué muy tarde?
Me deslizo en la puerta y me quedo sentando en el suelo, pensando en cómo había liado la primera vez que invitaba a salir a alguien luego de mi accidente.
¿Así era siempre? ¿El tener que ser rechazado por culpa mía?
Contengo mi cabeza entre mis brazos, apoyándolos en mis rodillas flexionadas.
Elevo la vista al sentir que la puerta del ascensor se abre. Suelto un suspiro al ver comoAlba camina en mi dirección.
—Perdóname, estuve muy ajetreada hoy—sonríe y me levanto para poder saludarle.
—No te preocupes—me acerco a su mejilla y siento el perfume que trae.
— ¿Hace cuánto llegaste?
—Hace un...buen rato –río—, no, no es cierto.
Me sonríe y cojo su mano sin pensarlo. Camino unos cuantos pasos y caigo en la cuenta de lo que he hecho. Me giro para verla y pido disculpas al momento que suelto su mano y sonrío. Ella hace lo mismo y sonríe.
—Escuché que la comida francesa es de tus favoritas—sonrío y luego me doy cuenta lo que tonto me había sonado eso. Ella nunca me lo mencionó.
— ¿Cómo?—pregunta mientras ve como abro la puerta para que ella suba.
—No preguntes cómo lo sé, sólo lo sé—río y doy la vuelta al auto para subir.
Había visto el recorrido en el GPS del móvil unos minutos antes de llegar, porque no quería ser alguien que no sabe orientarse. Aunque tendría excusa: acababa de salir de un coma.
Al llegar, entro junto a ella y ocupo una mesa junto a un ventanal. Tenía una vista hermosa, por no decir que quedaba en el tercer piso y que ya estaba por ponerse el sol.
Tomo agua en vez de vino, mirando comoAlba mueve sus dedos ágilmente sobre el móvil. Toso para que me preste atención y deje aquel aparato.
— ¿Te gusta la comida francesa?—pregunto.
—Es una de mis favoritas—asiente—. Fue extraño que sepas que es una de mis favoritas.
—Salió de mi boca sin pensarlo—río—, esas cosas suceden muy a menudo después del accidente.
La comida llegó y ambos sonreímos para luego comer en silencio. Una cosa que odiaba de las personas al comer era que hablen. Era detestable, por eso nunca hablaba entre comida.
La comida era deliciosa, y podía notar que Alba estaba mirando las expresiones que hacía al meter la carne en mi boca. Levanto la vista a ella y la miro sonreír. Cojo la servilleta y me limpio los labios.
— ¿Qué es gracioso?—pregunto y ella niega con la cabeza.
Me quedo observándola unos segundos y ella se ruboriza.
—Tienes una hermosa sonrisa, Alba. Encaja contigo a la perfección.
— Gracias—puedo distinguir que se ha vuelto a ruborizar, así que se tapa con la copa de vino—. Tú también, Harry.
—Es producto de la tuya—susurro y puedo ver que lo ha escuchado—. Lo siento—agacho la mirada y cojo el vaso de agua.
— ¿Por qué lamentar?—estira su mano sobre la mesa y toma la mía—, no tienes por qué. Es un privilegio.
'Privilegio'
No puedo controlarme, y sé que estoy haciendo mal en interesarme en ella.
—No recuerdo como era antes, pero sé que no me agrada el destruir familias.
— ¿Qué?—suelta una risa.
—Tienes una hija,¿verdad?
—Sí. Supongo que la vista en mi oficina—sonríe—. Es una hija maravillosa.
—Apuesto a que sí—sonrío—. Tanto tú, su madre, como su papá deben estar orgullosos.
—Creo que lo está—susurra y agacha su mirada para presionar sus labios—. Perdón yo...no puedo seguir. Perdón—se levanta y se aparta de la mesa.
—No, no de nuevo—susurro sin pensarlo y salgo detrás de ella. Encuentro su cuerpo en las escaleras y sujeto su brazo para hacer que me mire. Está llorando y sus mejillas están mojadas. Deslizo mi mano sobre su mejilla y cierra sus ojos al sentir mi roce. Tomo su quijada y veo sus labios. Quiero besarla.
Y lo hago.
La suavidad de sus labios me enchinaba la piel. Era como si estuviera dando mi primer beso, porque la experiencia era única. Fue un beso corto, pero para mí duraron años. Frota mi cabello y me sonríe.
—Cuanto extrañé esto.
—Sé que está mal, pero no puedo contenerme—rozo mi nariz con la de ella y siento su risa más cerca de mí.
—Tampoco yo—vuelve a besar mis labios y me hace soltar un gemido—. Harry.
Recupero la compostura y me acerco para pagar lo que habíamos consumido. Alba me pide que la deje en casa, y acepto totalmente.
—Aquí es—me indica y yo aparco el auto frente a su casa.
—Fue un viaje cortísimo—sonrío. Me bajo del auto para acercarme a ella y despedirme, pero veo que ya está en su puerta.
— ¿Quieres pasar?—pregunta al girarse luego de abrir la puerta—. No hay nadie.
— ¿Tu esposo?—pregunto.
—No tengo esposo—tira de mi suéter y me hace entrar en casa. Cierra la puerta y me mira—, ¿podemos revivir algunas cosas?—pregunta mientras me quita el suéter y me deja desconcertado—. Dos años para mí es demasiado.
—Alba...—susurro pero nopuedo continuar cuando tengo sus labios en los míos. Me hace caer en el sofá yno me resisto a contenerme más.
—La mejor forma que recuerdes todo es tratar de hacerlo más claro.
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Lovesick
Novela JuvenilNo pensaba que habría relación alguna entre el dolor y el amor, ni que fuera complemento para la felicidad y mucho menos para poder amar a alguien tanto. ¿Es esto en verdad lo que esperaba de él? ¿Podré soportar no tenerlo junto a mí?
