Capítulo treinta y cuatro.

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Salgo de la tina por falta de aire y cojo la toalla. Busco algo de ropa en mi armario y, cuando estoy casi listo, recuerdo que no he llamado a mi padre.
Ni quiero hacerlo, tampoco.

Salgo de mi habitación en busca de Federick y me molesto al no encontrarlo.

—Joven Holt—me llama desde mis espaldas—, ¿necesita algo?

—Sí. Estaba buscándote para pedirt...decirte que me lleves a casa de Perla. Mi auto está en el corralón—comento mientras camino hasta el garaje—, y quiero que también lo recojas. Nada grave. Uno multa a lo menos. Cien euros o un poco más. Pero eso lo haces después.

—Por supuesto que sí—cierra mi puerta antes que yo lo pueda hacer y me asombro un poco. Era la primera vez que alguien me cerraba la puerta.

Bajo la luna del coche y dejo que la lluvia me moje un poco el cabello.
Aunque ya está mojado.
Por estúpido que resulte, comienzo a tararear una canción. Una que me es muy conocida.

'Say something, I'm giving up on you'

Recuerdo esa canción como la primera vez que la escuchamos. Era la vez que mis padres nos obligaron a separarnos luego que nos escapamos a un mini departamento. Esa misma noche había vivido lo que era un amor prohibido.
Mierda.

'And I will swallow my pride, you're the one that I love'

Alba, mi querida Alba.

Comienzo a llorar y no puedo ocultar mis lágrimas. Sé que Federick me está viendo por el retrovisor, pero no puedo calmar esto que siento en mí.

—Disculpe mi atrevimiento pero, ¿se siente bien?

—Déjame aquí—abro la puerta, con el auto aún en movimiento, y Federick da un frenazo—. ¡Joven Holt!

Le digo que estoy bien cuando, literalmente, salto del auto. Mis manos caen sobre el suelo también y me levanto mientras la gente mira lo que está pasando.
Necesito ir a casa de Perla a pie. No puedo estar tranquilo mientras no sea perdiéndome en el camino.
Como siempre.
Necesito un momento de libertad. Un momento en el que pueda salir hasta la hora que quiera, beber todo lo que tenga en gana y tirar un momento los libros al tacho de basura.
Aunque tengo la libertad para poder hacerlo, pero no lo hago.

Miro como la gente pasa junto a mí, y de doy cuenta de lo distinto que soy a ellos. Ríen, sonríen, algunos lloran pero al final están unidos. Yo, en cambio, no puedo aceptar que mi gran mentira es mi gran verdad.

Choco con alguien sin darme cuenta y las cosas que tiene en sus brazos caen al suelo. Lanza un jadeo y se agacha rápidamente para recoger todo antes que se moje. Hago lo mismo y ella me mira, sonríe y sigue recogiendo las cosas.
En otro momento, esto hubiera terminando en una hermosa relación que me llevaría al altar. Pero ahora no.

—Lo lamento—se disculpa—, ando muy despistada.

—La culpa es mía—sonrío y, cuando ya tiene todo en sus brazos, me alejo de ella para seguir caminando.

'And I'm saying goodbye'


'Sé tú mismo. Vive por mí.', escucho en mi mente y sé que es ella.

En ese momento elevo la vista a todos los lados y trato de orientarme.
¿Qué tan lejos estoy de la clínica Miller?
Veo las calles y trato de orientarme lo más que puedo. Corro muchas veces para tratar de alcanzar el semáforo en verde y no quedarme en la espera del rojo. Estoy mojado y sé perfectamente que todo vale la pena.
Ella lo vale.

Al llegar a la clínica me acerco a recepción para poder pedir informes sobre la habitación de Blumer, porque ella está con él.

— ¿Podría decirme el número de habitación del joven Jamie Blumer?—pregunto con cierta dificultad. He corrido demasiado y estoy agitado.

— ¿Familiar?—me pregunta.

—Amigo. Soy su mejor amigo—miento.

Ella asiente y buscan entre sus folios.

— ¿Trajo su permiso?—pregunta y yo no sé qué responder, así que niego con la cabeza con preocupación. Simulo que estoy buscando entre mis bolsillos.

—Por favor, solo serán unos minutos. Sé que se alegrará de verme.

Sonríe y asiente.

— ¿Quiere que llame a la habitación para anunciar su visita?—pregunta luego de terminar de escribir algo en un papel y tendérmelo.

— ¡No! Es que...quiero que sea una sorpresa. Ya sabe de estas cosas.

Mis pasos disminuyen cuando estoy a unos metros de la habitación de Blumer. La puerta está abierta y no sé si él está despierto. Suspiro y me asomo lentamente por la puerta.
Y de un momento a otro todo cambia de perspectiva.
Los labios de él están en los labios de ella. Y siento como mi cuerpo se llena de coraje y rabia.
Me giro y frunzo el ceño cuando mis zapatos hacen ruido sobre el suelo, así que corro hasta la próxima pared y me oculto cuando escucho a Alba preguntar si hay alguien fuera. Me quedo en silencio y ruego porque Alba no camine para intentar descubrir lo que causó el ruido.

Ruedo los ojos y siento el dolor en la garganta, en el pecho y en mi corazón.
Me dolía bastante. ¿Que por qué? Creo que la respuesta es muy simple: por ella.

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