Capítulo 11. Extrañar:
Tomé mi bolso sigilosamente, agarré las llaves, el día de ayer había sido muy intenso, las mariposas en el estómago me atormentaban, era un día nuevo, saber que tenía que mirarla a los ojos, hacia que mi respiración se agitara. Trataba de no pensar en cómo actuaría frente a ella. Abrí la puerta lentamente para que no produciera sonido alguno, ya que mi madre había llegado ayer en la noche, había estado alrededor de una hora tratando que sacarme información de porque estaba actuando tan raro, pero no podía decirle «madre casi me beso con una mujer, que además es mi profesora», jamás me lo perdonaría. Cuando termine de abrir la puerta por completo y levanté mi pie para dar el primer paso fuera de la casa escuche su voz.
—Hija, ¿Dónde vas? —hice una mueca y me di media vuelta para mirarla.
—A trabajar madre —dije obvia.
—Dijiste que no irías cariño, acabó de llegar a noche, dijimos que pasaríamos el día juntas —hizo un puchero.
—Lo se mamá, pero no puedo faltar a trabajar y menos hoy —maldije a mis adentros.
No podía faltar hoy, que iba a pensar mi profesora de mi si me ausentaba.
—Por favor hija, quiero pasar tiempo contigo —se acercó a mi—. Iremos donde tu quieras.
—Pero podemos salir luego del trabajo —le sonreí para alivianar la situación.
—No, sales muy tarde, ya está decidido —me abrazó—, hoy será día de madre e hija.
Rodé mis ojos sin que me viera.
(...)
—Kent, tu sabes como es mi madre, ya no podré convencerla de lo contrario.
—Entiendo, bueno, no hay nada que hacer, aunque yo iré hoy a cuidar a Nolan, así que no te preocupes.
—Muchas gracias amigo, no sabes cuanto te agradezco.
—No es nada, gracias por llamarme —su voz sonaba minuciosa—. ¿Qué tal el día de ayer?
—Bien—respondí de inmediato.
—¿Nada interesante?
—No, para nada —fruncì mi ceño y omití lo ocurrido con mi profesora.
—Está bien Linsday, te dejo, voy en camino a casa de la profesora Soto.
—Está bien —sonreí.
—Nos vemos, que tengas un lindo día de madre e hija —colgó sin antes dejar una carcajada retumbando en mi teléfono.
Fuimos al centro comercial con mi madre, sin nada interesante, todo me parecía más aburrido de lo normal, anhelaba con todas mis fuerzas que fuera viernes para poder ver a mi profesora.
¿Qué estará pensando en este momento?
Quizás no le importe en absoluto lo que vivimos el día de ayer.
—¿Te gusta esta falda? —preguntó mamá.
—Si, claro —afirme.
—Lindsay, ni siquiera la has mirado —dejó la falda en la vitrina, cruzó sus brazos y me miró fijamente —. No has dicho nada en todo el camino, ¿Qué es lo que te pasa?
—Nada —respondí.
—¿Segura? Ayer me respondiste lo mismo, pareciera que no estuvieras en este mundo, estas muy distraída.
—Sólo es un dolor de cabeza, nada grave —desvíe la mirada.
—Quizás mucho trabajo te está provocando dolor de cabeza, ¿Por qué no dejas ese trabajo?
—Me gusta mucho mi trabajo —mi nervios florecieron, era complicado contradecir a mamá, ella era la persona más cerrada que podía existir—. Me gusta mucho esa falda —la apunté—, deberías probártela.
Cambie el tema, no quería que el tema del trabajo pasará más por la cabeza de mamá.
Caminamos alrededor de dos horas sin parar, yo amaba las compras pero ese día no le encontraba sentido a seguir a mamá por medio mundo, cada vez que miraba a alguien me recordaba a mi profesora, la escena del día anterior no dejaba de pasar por mi cabeza, sus labios tan cerca, su mirada tan encima de la mía, nuestros cuerpos juntos, mi piel erizada, la perfecta sensación a su tacto, todo me recordaba ella.
La distancia podía impedir cualquier cosa, una abrazó, un beso, una caricia. Pero no podía impedir este sentimiento desesperante de querer verla.
Lo peor de extrañarla con tanta intensidad, es saber si ella también me extrañará.
A veces te detienes a mirar tu vida, y te das cuenta que todo lo que se trata de ti, gira en torno a una persona, como si vivieras de ella o para ella, sin ella saberlo, su sonrisa se vuelve tu alimento y su mirada tu aliento. No te das ni cuenta como llevas a ese punto.
Mientras el corazón lata, mientras la carne palpite, no me explico que un ser dotado de voluntad se deje dominar por la desesperación.
—Está bien Lindsay, creo que esto del paseo no te está gustando mucho —mi madre se detuvo—. Vamos a casa.
¿Tuvieron que pasar 5 horas para que se diera cuenta?
(...)
Me recoste en mi cama, estaba agotada, la gente, luces, tiendas, tarjetas, ropa y esas cosas me habían dejado con bastante dolor de cabeza.
Creo que este había sido un pésimo día, pero ya mañana todo volvería a la normalidad, o eso esperaba.
Mi celular vibró haciéndome sobresaltar, miré y era un mensaje de Kent.
Kent: Hola Lindsay ¿Qué tal tu día? ¿Puedo preguntarte algo?
Lindsay: Hola, un día muy aburrido ¿Y el tuyo? Claro, preguntame
Kent: Como siempre, ¿Sabes que le pasó a las profesora Soto?
Lindsay: ¿A que te refieres?
Kent: Hoy ha estado algo extraña, no actúa como normalmente lo hace y me ha preguntado por ti al menos unas 10 veces.
Bloque celular y una sonrisa enorme se formó en mi rostro. Al parecer no había sido la única que había pensado en el casi beso.
Nota:
Nuevo capítulo
Lo siento por la demora
Mi teléfono había muerto y estuve varios días sin celular
Además comenzó el año escolar por lo que se hace mucho más complicado escribir
Disculpen, tratare de subir seguido
Qué tengan buen día
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Stay With Me ©
Teen Fiction-Claro profesora Soto -dije nerviosa-. Nosotros cuidaremos de su sobrino, ¿No es así Kent? -Si, por supuesto -respondió mi amigo seguro. -Entonces cuando salgan de vacaciones empiezan. El lunes -dijo firme-. Muchas gracias chicos, no se como agradec...
