Capítulo 4

252 26 19
                                        

Aldana alternaba su mirada del cuerpo tendido en la calle a sus amigas. Ellas lo habían reconocido como quien les había vendido droga en la fiesta. Eso le hizo sospechar que quizás el motivo por cual lo atacaran fuera algún tipo de ajuste de cuentas. En ese instante un quejido de dolor provino de aquel muchacho.

—Vámonos —dijo Julieta alterada.

Julieta estaba inquieta, ya se encontraba temerosa por encontrarse con algún paparazzi, ahora se sumaba el estar junto a un camello(*) medio inconsciente tirado en aquella desolada calle. Intento tomar a Aldana del brazo para tirar de ella lejos de allí, pero su amiga no se movió del lugar.

—Está despertando.

—Aldana, por favor, vámonos antes de que nos metamos en problemas —insistió Julieta.

—No podemos dejarlo así.

—Sí podemos, no es nuestro asunto.

—Está herido, es abandono de persona.

—Alguien más lo va a ayudar.

—Ayudémoslo así después nos regala pastis—dijo Luján.

—Sí...o mejor se las sacamos nosotras y listo —agregó Sofía.

Julieta puso los ojos en blanco ante aquellas palabras. A esas muchachas les faltaba bastante oxigeno en sus cerebros. Sumado que lo tenían embotado por las drogas que aquel mismo desconocido les había vendido. Un nuevo quejido atrajo la atención de las cuatro mujeres.

Aldana se acerco al muchacho, poniéndose en cuclillas para poder examinarlo más de cerca. El desconocido a penas se removía y su respiración se escuchaba forzada. Ella estiró su mano para ayudarlo a girarse bajo la atormentada mirada de Julieta, quien trago saliva instintivamente debido al miedo que la atravesaba.

—Hey ¿Estás bien? —preguntó Aldana.

El muchacho se removió más al sentir el contacto de la mano de la chica en su brazo.

—Tranquilo, solo queremos ayudarte.

Hizo falta que ejerciera un poco de fuerza para lograr voltear al desconocido. Debido a la escasa iluminación que reinaba en aquel lugar, no había podido apreciar con claridad el rostro del muchacho. Pero en aquella nueva posición, su cara había quedado completamente expuesta. Se veía joven, no más de veinte años, aunque estaba algo demacrado.

Pronto perdió interés en su rostro ya que su mirada se encontró con una gran mancha color escarlata a la altura de su estomago. Las manos, también manchadas, del chico se presionaban en aquella zona.

—Dios, está herido —exclamo Aldana—. Debemos llevarlo rápido a un hospital.

—No... —gimió bajo el chico.

—Pero estás sangrando.

—Dejenme...

Julieta y Sofía miraba atónitas aquella escena frente a ellas, en cambio Luján tuvo que girarse para evitar las nauseas que se estaban apoderando de su estomago, aunque poco pudo hacer al respecto. Los espasmos de la muchacha alertaron a Sofía, quien se acerco a ella para sostenerle la melena.

Aldana haciendo caso omiso al pedido del muchacho, tomo su celular para llamar a una ambulancia, pero al notar los ojos llenos de pánico del chico y como éste negaba con su cabeza, detuvo sus movimientos.

—Necesitas ayuda, te vas a desangrar.

—No...me...importa...

—Dejame aunque sea llevarte a algún lado, a donde vos me digas.

Adictos SIN EDITAR Donde viven las historias. Descúbrelo ahora