Los flashes de las cámaras llegaban a él a través de la fina tela de la campera que llevaba puesta sobre su cabeza, al igual que las luces de los patrulleros. Avanzaba a trompicones enredándose con sus propios pies mientras dos policías tiraban de sus brazos. El frío metal que unía sus muñecas laceraba su piel, de seguro le dejarían marcas.
De un brusco movimiento lo detuvieron y una mano se posiciono sobre su cabeza indicándole que debía agacharse. Obedeció sin rechistar y se dejó meter dentro de un vehículo.
—¡Vos no digas nada, me oíste! —giró su cabeza hacia donde creyó que provenía la voz de su amigo—. ¡Nos vemos en la comisaria!
La puerta fue cerrada de un fuerte golpe y pronto el vehículo se puso en movimiento haciendo sonar las sirenas por todo lo alto. Durante el trayecto, Damián no podía calmar sus nervios. Se sentía aturdido, se le dificultaba terminar de asimilar los últimos sucesos transcurridos.
Tan solo minutos atrás se encontraba hablando con Lara, la prima de Gabriel, a quien llevaba muchos años sin ver. Se había sorprendido bastante al encontrarla en el departamento de su amigo, aunque su sorpresa fue mayor al enterarse que llevaban unas semanas conviviendo.
Durante años su amigo había luchado contra los sentimientos que ella despertaba en él, un secreto que Damián le había guardado con bastante recelo. Nunca lo juzgado por ello, aunque sentía pena al saber que su amigo sufría en silencio por un amor que ante la mirada del mundo no debía ni podía ser.
Estaban charlando amenamente cuando de pronto la puerta fue aporreada con fuerza bajo el grito de "Policía, abran", haciendo que los tres se sobresaltaran. Gabriel miró a su amigo a sabiendas de que era a él a quien buscaban, queriendo saber que quería que hiciese. Damián solo atinó a asentir ante la pregunta no formulada de su amigo.
Los policías entraron al departamento apuntando con sus armas, eran al menos 8 uniformados. Apuntaron hacia Damián mientras solicitaban a gritos y sin mucha delicadeza que se tirara al piso con los brazos tras su espalda.
Damián obedeció de inmediato mientras que Gabriel, quien era retenido por otro uniformado, solicitaba respuestas, las cuales no fueron obtenidas hasta que Damián fue esposado y puesto en pie. Uno de los policías, que se identifico como el subcomisario Juárez, le leyó sus derechos. Luego le preguntó a Gabriel cual era su relación con el detenido y al identificarse como su abogado obtuvo algunas respuestas.
Al parecer, alguien había hecho una denuncia anónima acusando a Damián del secuestro de Aldana y dando su paradero. Aquello tomó por sorpresa a ambos amigos, ya que solo llevaba en esa casa poco más de una hora.
Cuando la patrulla finalmente se detuvo, sus nervios incrementaron al punto de provocarle un leve mareo y un fuerte ardor en la boca de su estomago. Al abrirse la puerta el grito de los paparazzi en búsqueda de la primicia golpearon sus tímpanos. El policía que lo ayudo a salir del vehículo le sostuvo la campera sobre su cabeza, lo cual agradeció.
Una vez dentro de la comisaria, su rostro fue descubierto. Tardo unos instantes en acostumbrarse a la luz de la habitación, la cual provenía de los tubos colocados sobre su cabeza. Frente a él había un gran y viejo mostrador, tras el cual se encontraba un policía bastante joven tecleando en una computadora.
—Traemos a un detenido, Damián Ruiz —dijo el policía que lo sostenía.
El muchacho tras el mostrador levantó la mirada, observando primero al uniformado y luego a él.
—Documento.
El policía a su lado le entrego la documentación, se la habían sustraído antes de salir del departamento de Gabriel. El joven policía tecleo durante unos minutos y luego devolvió el documento.
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Adictos SIN EDITAR
Fiction généraleÉl estaba perdido. Hundiéndose lentamente en un pozo sin fondo del que no tenía intención de salir. Ella se sentía vacía. Intentando llenar ese hueco de cualquier forma que le fuera posible. Él no tenía un motivo por el cual luchar. Ella necesitaba...
