La expresión de desconcierto de Damián le indicó que no tenía idea de quien se trataba. Eso era nuevo para ella, no estaba acostumbrada a no ser reconocida por los demás.
—Mi padre es un empresario mediático muy importante —dijo escupiendo cada palabra.
Él soltó el agarre que mantenía en su brazo y ella froto la zona casi por reflejo. Poseía una fuerza que no se condecía con su aspecto algo demacrado. Su cuerpo era delgado, aunque los músculos de su abdomen y brazos estaban algo marcados.
Sus pómulos sobresalían levemente, debajo de sus ojos se marcaban unas oscuras ojeras y poseía un par de manchas en su frente, las cuales quedaban semi ocultas bajo su pelo castaño un tanto largo y opaco. La tonalidad ámbar de sus ojos resaltaba notoriamente en su rostro.
—Sigo sin entender porque va a ser complicado salir de acá.
—Afuera siempre hay muchos periodistas, los cuales son difíciles de esquivar. Además está la gente de seguridad de la casa más mis dos guardaespaldas personales.
—¿Por qué mierda me trajiste acá?
—Estabas inconsciente, no sabía donde más llevarte.
—¿Y eso qué? Te dije que me dejaras ahí, no soy un maldito caso de caridad princesita de papá.
—¡Y yo no soy una maldita princesa!
—Como sea —dijo él desinteresadamente—. Dame algo de ropa así me puedo largar.
—No podes irte solo.
—No solo puedo, pienso hacerlo.
—No pueden verte.
—¿Por qué? ¿Arruinaría tu reputación? ¿O la de papi?
—Dios, que irritante que sos —dijo Aldana exasperada—. Te salve la vida, mínimo te pido que me dejes sacarte de acá a mi manera.
—Yo no te ped...
—Sé que no pediste ser ayudado, pero lo hice, lidia con eso de una puta vez.
La mirada del muchacho se oscureció, haciéndolo ver intimidante. Se acercó nuevamente a ella haciéndola retroceder unos pasos hasta que su espalda chocó con uno de los espejos de cuerpo entero. Cuando sus rostros estuvieron a pocos centímetros pudo sentir la respiración agitada del joven.
Él la observaba fijo a los ojos hasta que de un momento al otro pareció no poder seguir sosteniéndole la mirada y se aparto. Dio un paso atrás, sus puños se apretaban a los costados de su cuerpo dejando ver los nudillos blancos debido a la fuerza que ejercía. Tomó algunas respiraciones profundas y luego se giró, avanzando hacia la puerta de salida.
—¿A dónde vas?
—Me largo.
—Estás desnudo.
El muchacho abrió la puerta y salió al pasillo, observando en ambas direcciones. Comenzó a avanzar hacia la derecha mientras ella le seguía los pasos. Le dolía mucho la herida, pero aquello no lo detenía.
—¡Espera Damián!
Al escuchar su nombre se paró en seco, girando para enfrentarla cara a cara.
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Me lo dijiste ayer antes de desmayarte.
El chico entrecerró sus ojos, parecía que intentaba ver a través de ella.
—No vas a poder salir solo de acá. Menos así —dijo señalándolo de arriba abajo—. Si no te detienen mis guardaespaldas, lo van a hacer los guardias de seguridad. Aun si logras esquivar a ambos, los periodistas allá afuera se van a abalanzar sobre vos. Dejame sacarte, después hace lo que quieras.
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Adictos SIN EDITAR
Ficción GeneralÉl estaba perdido. Hundiéndose lentamente en un pozo sin fondo del que no tenía intención de salir. Ella se sentía vacía. Intentando llenar ese hueco de cualquier forma que le fuera posible. Él no tenía un motivo por el cual luchar. Ella necesitaba...
