09/12/12
10:56 a.m.
Final de la autopista Pátzcuaro-Uruapan.
Entrada de la ciudad.
El coche rodaba sus ruedas a una velocidad media, casi no hacia ruido a pesar del tremendo motor que poseía, pareciera que un huracán hubiera arrasado por el lugar, pero esto ya parecía ser más normal para los chicos.
—Bien, hemos llegado, esta ciudad puede albergar más de esas cosas así que tengan mucho cuidado y estén atentos a todo—indico Jack.
El coche blindado ligero que transitaba aquella carretera en ruinas, paso por donde se encontraba la prisión de la ciudad. Rose dio un pequeño grito.
— ¡La prisión esta abierta! ¿Y si los maleantes están sueltos por la ciudad?
—Ya son caminantes no-muertos o comida para los carroñeros ó, en el peor de los casos…—Jhosep hizo una pequeña pausa, pensando—siguen vivos.
— ¿El peor de los casos?—preguntó Antoni, sin dejar de mirar hacia la carretera, él conducía— ¿Qué no se supone que nos debemos de alegrar por que haya más gente viva en este infierno?
—Si, sí no fuera por que esas personas tienen una mentalidad demasiado aborrecible, solo pensaran en ellos mismos y no les importaría matar a quienes sea por seguir con vida—termino Jhosep con la mirada perdida por la ventana.
Antoni acento con la cabeza, un poco pensativo por las consecuencias que pudieran derivarse debido a esas personas, Akemi que se encontraba en medio del asiento trasero, seguía dudosa.
— ¿Pero, aun así, realmente podrán sobrevivir?
Jack se acomodó un poco en el asiento de copiloto y contesto.
—Esta ciudad albergaba a muchos guerrilleros, lo más probable es que esos bastardos sigan vivos, será mejor no topárnoslo o las cosas podrían acabar mal.
—Entonces no solamente debemos tener cuidado con los muertos que caminan, ni con las criaturas que caminan raro, si no también con los vivos…—decía Erika exhalando—vaya problema.
En ese momento se escucho un ligero golpe en la cajuela, seguido de murmullos, se trataba de Edward que se encontraba dormido, amontonado entre las cosas. Todos dieron risas disimuladas y se olvidaron del estrés unos segundos.
—Alguien despiértelo—dijo Antoni.
—Pero si se ve tan tierno—contesto Akemi, mirando a Edward.
—Despiértenlo para que deje de hacer el ridículo—termino Antoni irritado.
Después de un tiempo de estar conduciendo por la carretera que llevaba al centro de la ciudad, observando el paisaje tan tétrico, con un silencio abrumador que no era de esperarse de lo que antes era una pequeña gran ciudad, siempre concurrida con automóviles y el ruido de las personas, ahora reducido a un montón de escombros con ruinas de coches en las orillas de la calle. Al final, llegaron a una plaza cercana al centro donde Jack podría instruir en el manejo de armas.
El lugar era amplio, grande, pero sus alrededores estaban llenos de escombros y algunas casas derrumbadas, obstruyendo algunas calles.
En cuanto el vehículo freno, Jack se bajó y aliso su uniforme.
—Vamos al grano, ¡Edward, tae la colcha con las armas que sacaron del almacén!—ordeno el militar.
Edward, quien se acababa de despertar, acento moviendo la cabeza y tallándose los ojos.
—Pero aun así, ¿no es demasiado arriesgado gastar munición?—pregunto Jhosep.
—Si no lo hiciéramos, gastarían más en darle a un objetivo a 10 metros de distancia.
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Susurros del Destino
Science Fiction"El mundo esta en sus labores diarias, con un sin fin de fatídicas y monótonas rutinas que a día a día se emplean, hasta que una estrategia para mejorar ese mundo se lleva a cabo, todo marcharía bien si no fuera por un catastrófico accidente natural...
